Tour de Francia

Perico está de cumpleaños

El segoviano celebra el trigésimo aniversario de su triunfo en el Tour

Un reportaje de Nagore Marcos - Jueves, 19 de Julio de 2018 - Actualizado a las 07:34h.

HIJO, tú a los estudios”, le dijo Julio Delgado a un jovencísimo Perico (Segovia, 1960) cuando por la cabeza del chaval pasaba la idea de dejar Enfermería para centrarse en el ciclismo. “De la bicicleta no vas a vivir”, le repetía, con preocupación paternal, cada vez que tenía ocasión. Pero el corredor, como todo adolescente, siguió a lo suyo. No le hizo caso. Y menos mal, porque Julio se equivocó. Y de qué manera. De hecho, ahora Pedro Delgado se encuentra celebrando el trigésimo aniversario de su victoria en el Tour de Francia. Pero, ¿cómo iba a saber el padre todo lo que conseguiría su tercer retoño si el chiquillo pasó toda su infancia postrado en una cama? Es más, Perico se recuerda a sí mismo como un niño enfermizo al que le pilló la hepatitis por banda y le redujo a un mero saco de huesos. Como un crío con problemas de dicción que, nacido en un hogar muy humilde justo en los años en los que faltaba de todo, aprendió a pedalear en la bicicleta de un amigo. Sus primeras carreras fueron de prestado, entre los modestos bloques del barrio. El ciclismo era una solo una afición. Hasta que apareció el Reynolds y su director, José Miguel Echavarri.

Fue entonces cuando abandonó los estudios y, centrado ya solamente en la bicicleta, empezó a destacar. Tanto que en 1983, a los 23 años, ya estaba debutando en el Tour de Francia. Allí engatusó a todos los que no le conocían -muchos, en aquella época-, con un recital en la alta montaña. El loco de los Pirineos, le bautizaron en la prensa gala cuando el segoviano, apoyado completamente sobre el manillar y con el culo en pompa, intentaba ganar velocidad en un descenso. Fue segundo en esa etapa y en la general. Se había destapado. Y llegaba Alpe d’Huez, con sus 21 curvas infernales. Perico se desfondó y acabó séptimo. Pero al día siguiente pagó la novatada y una pájara le hizo salir de la élite. No le importó. Demostró que valía.

Sin embargo, en la edición del 84 se rompió la clavícula. En la del 85, ya en el Orbea, quedó lastrado por una pésima contrarreloj por equipos. Y la del 86, fichado por el PDM, falleció su madre. Un inesperado derrame cerebral. Aunque al día siguiente decidió tomar la salida. De nuevo, el Alpe d’Huez le esperaba y coronarlo era el mejor homenaje. Pero la realidad se abrió paso en plena subida. Era un chaval de 26 años que había perdido a su madre. Y se acababa de dar cuenta. La tristeza le paralizó las piernas, así que se bajó de la bicicleta y se echó a llorar. Sus lágrimas abrieron los telediarios. Perico había abandonado el Tour. Hijo antes que ciclista. Así que en el 87 reapareció con más ganas que nunca y, tras superar las 21 curvas de la famosa estación de esquí, se hizo líder de la general. “Dicen que quien sale de amarillo de Alpe d’Huez gana el Tour, pero yo rompí esa tradición”, recuerda el propio Perico. Porque el irlandés Stephen Roche le arrebató la victoria en la última contrarreloj.

Así que tras cuatro Tours y cuatro adversidades, llegó 1988. El año de Perico. Regresó al Reynolds y dejó de lado la Vuelta. La ronda gala era su obsesión y el Alpe d’Huez le debía una. Así que era la duodécima etapa y gracias a la labor de sus gregarios, sobre todo de un joven Miguel Indurain, consiguió ser líder de nuevo en la mítica estación de esquí. Solo que esta vez no soltaría el amarillo ni aunque se lo pidieran. Que lo hicieron.

La sombra del dopaje El reflejo de Perico Delgado en julio de 1988 era amarillo. Pero la filtración de un posible positivo en la última semana de la ronda sacudió la tranquilidad y atrajo los rumores. El pelotón pasaba por Burdeos y la organización del Tour lanzó un comunicado oficial: el líder había dado positivo en un control por probenecid, un diurético que podía enmascarar los anabolizantes. Sin embargo, aunque era una sustancia prohibida por el Comité Olímpico Internacional, no lo consideraba así la Unión Ciclista Internacional. Así que Perico evitó la sanción, aunque la dirección de la Grand Bouclé intentó su abandono. “Nos dijeron que teníamos que retirar a Perico porque a París no se podía llegar con dudas. Me negué”, explicó Echavarri.

Así que el segoviano continuó, cruzó el Arco del Triunfo de amarillo y logró, por fin, su primer y único Tour: “Estar en lo más alto de podio en los Campos Elíseos es un momento maravilloso. Inolvidable”, reconoce el protagonista. Por eso, ahora, 30 años después, justo cuando el pelotón vuelve a pasar por su anhelado Alpe d’Huez, Perico recuerda su historia porque, tras varios ensayos, por fin demostró a su orgulloso padre que de la bicicleta, algunos, los elegidos, sí que podían vivir.