en el primer amistoso de la pretemporada

Despliegue de alas

Cristian Ganea conduce el balón en Urritxe. (Borja Guerrero)

El Athletic fabrica desde los costados sus tres primeros goles de pretemporada de la ‘era Berizzo’

Eduardo Oyarzabal - Sábado, 21 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - Una de las mayores preocupaciones de Leonardo Da Vinci, personaje ilustre de la humanidad donde los haya, fue dotar de alas al ser humano. “Un pájaro es una maquina que funciona según las leyes de la matemática. Está al alcance del hombre reproducir esa máquina con sus movimientos… A esa máquina solo le faltaría el espíritu del pájaro, y ese es el que el hombre ha de imitar con su propio espíritu”, decía en su Códice Atlántico. El Athletic ha desplegado las suyas en el albor de la Era Berizzo.

El nuevo entrenador persigue una máquina ganadora mediante la ciencia del fútbol, recurriendo al espíritu del pájaro, el mismo que proyecta la ancestral filosofía de juego del club bilbaino, batiendo sus alas para generar peligro, armando su amenaza desde los costados. Contra el Amorebieta, aunque en partido-laboratorio, el plantel de Berizzo fabricó sus goles desde los extremos.

A pesar de no contar con la referencia del nueve clásico, los tres goles del Athletic nacieron en las alas. Si bien, uno llegó desde un córner conectado por Nolaskoain, que reverdeció tiempos olvidados de un equipo plagado de virtud aérea en la faceta ofensiva, especialmente cuando no están los asiduos con la cita del balón volador, Aduriz o Raúl García. En el amanecer de la pretemporada, estas ausencias y sus dotes se suplieron con desmarques, como ocurrió en el gol de Nolaskoain, que remató en solitario, o en los otros dos tantos, producto de la solidaridad en el movimiento para ofrecer alternativas al pasador.

El plantel de Berizzo se proyectó incisivo por los costados, pilar de su peligro ante el Amorebieta. Iñigo Vicente, escorado en el perfil zurdo, desbordó a su marca y con un pase aderezado por el acompañamiento de la jugada de Unai López y su golpeo, llegó el tanto inaugural.

Los laterales se incorporaron con desparpajo a las tareas de ataque. Gracias a ello, Lekue dribló, alcanzó la línea de fondo y con un pase atrás a Sancet, este mandó el esférico a la red para poner la guinda al profundo juego de banda, nutrido por los desplazamientos en largo de los centrales buscando espacios.

Probaron esas penetraciones Córdoba, a quien Berizzo mudó a la banda derecha con la sucesión de los minutos, Guruzeta y Ganea, que dejó muestras de su descaro, probando el regate y el disparo, la aportación ofensiva en general.

Era jornada de experimentación, pero el equipo transmitió la intención de agotar los metros del campo, de ensanchar una alas con incorporaciones. A ello beneficia el estilo de presión alta que pretende Berizzo persiguiendo la pronta recuperación, que, cuando surte efecto, jugadores de corte defensivo se ven capaces de batir las alas en ataque, dispuestos para la caza de la presa, herida, para sacar provecho del desorden ajeno. La profundidad por banda, el desborde y la intensidad para percutir por los flancos marcaron el devenir del resultado de un Athletic con espíritu de pájaro. La obsesión de Da Vinci.

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