Mesa de Redacción

Docudramas

Iñaki Gonzalez

Iñaki González - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

AQUELLO de que la verdad no te estropee un buen titular es algo por lo que en esta profesión de juntar letras hemos perdido la credibilidad a ojos de muchos ciudadanos. A estas alturas, y con la exhibición pública que en prensa, redes, radio, y TV practicamos los periodistas, no pretenderé disfrazar de una esterilizada objetividad esta profesión pero sí de una sincera y explícita subjetividad de modo que el lector avisado sepa de qué pie cojeamos todos. Esta estirada introducción tiene que ver con el hecho de que hay cierto revuelo por un docudrama que un programa que se dice informativo realizó en televisión hace unos días. Al parecer, el programa matinal de Antena 3 decidió ilustrar el asunto de los piropos y su eventual prohibición con una prueba de calle. Una reportera se fue cruzando con varios especímenes de género masculino que se dedicaron a lanzarle miradas lascivas, piropos o directamente expresiones soeces. ¿Problema? Que, según se ha denunciado posteriormente, la situación no fue espontánea y el equipo de televisión habría pedido a los voluntarios que se comportaran como ñus en celo. ¿Es preciso guionizar una denuncia sin advertir al lector, espectador u oyente de que se trata de un docudrama? ¿Dónde está la raya que lo separa de la docuficción? Por experiencia diré que es muy frustrante tener una noticia veraz en las manos y no poder contrastarla o no obtener las pruebas gráficas que refuerzan los datos. Pero enviar a periodistas a ejercer de actores es un error. Muchas buenas causas se van por el desagüe por exceso de vehemencia. O de espectáculo teatral.

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