Centenario de Euskaltzaindia

El abrazo de las cuatro Academias

Los presidentes de las academias de la lengua de España, Galiza, Catalunya y Euskal Herria acuerdan trabajar juntas por la convivencia “real” de los idiomas

Idoia Alonso - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - La balaustrada de bronce de la escalinata del Palacio Foral, con la espectacular vidriera realizada por Antonio Rigal representando a la Paz, el Comercio o la Ciencia ofreciendo sus dones a Bizkaia, es el escenario de un momento histórico: el encuentro de los presidentes de las cuatro Academias de la lengua del Estado (Euskaltzaindia, Real Academia de España, Real Academia Galega e Institut d’ Estudis Catalans). El motivo de tan significada cita es la creación del Patronato de Honor de la Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia con motivo del centenario de la institución, cuya constitución legal se hizo en este mismo edificio a propuesta de los diputados nacionalistas Koxme Elgezabal y Felix Landaburu un 25 de enero de 1918.

La primera pregunta es obligada, ¿en qué idioma se comunican los académicos? “Evidentemente en castellano, pero somos capaces de entendernos en bilingüismo pasivo”, se apresura a decir Víctor Fernández, presidente de la Academia galega (RAG). Eso sí, en bilingüismo pasivo del catalán y gallego “porque el vasco es otra cosa”, bromea el presidente de la Academia española (RAE), Darío Villanueva. Resuelta, pues, la cuestión del idioma franco en el que se manejan estos cuatro hombres de letras, todos menos el presidente del Institut d’ Estudis Catalans (IEC), Joandomènec Ros, que es biólogo de formación.

Existe la creencia de que las Academias han vivido de espaldas las unas a las otras por ese famoso cometido de limpia fija y da esplendorhacia la lengua propia. Por eso y por razones políticas que a nadie se le escapan. Sin embargo, las Academias han tenido entre ellas “una serie de relaciones a lo largo del tiempo bastante más frecuentes de lo que parece”, explica Andres Urrutia, presidente de Euskaltzaindia. Echando la vista atrás, Primo de Rivera dictó un Real Decreto en 1926 por el que se crearon en la RAE las secciones catalana [y sus variedades valenciana y mallorquina], gallega y vascuence, para las que fueron elegidos ocho académicos, entre ellos dos de los cuatro primeros miembros de Euskaltzaindia: Julio Urkixo y Resurrección María de Azkue. El decreto que dio origen a esta modalidad, publicado en la Gaceta de Madrid el 27 de noviembre de 1926, fue derogado cuatro años más tarde, aunque los elegidos conservaron su condición mientras vivieron. No ocuparon plazas designadas con letras, de ahí que no figuren en el listado histórico de académicos, ordenado por sillas y por años de elección o ingreso.

“Después de la Guerra Civil, la verdad, las Academias no pasaron por su mejor momento y nosotros retomamos la relación en nuestro 75 aniversario”, revela Urrutia. En aquella jornada Jagon -custodia- de hace 25 años estuvieron Fernando Lázaro Carreter por la RAE, Marino Dónega de la RAG y Joaquim Rafel i Fontanals, en representación del IEC. Hace diez años se volvió a repetir el encuentro en el que se confirmó la relación y sirvió para “algo que siempre hemos tenido ganas de hacer todos y que luego nunca hemos concretado y que es de lo que estamos hablando ahora”, comenta el euskaltzainburu. “Vamos a ver si somos capaces -dice Urrutia- de trabajar juntos en algo tan sencillo como que nuestra voz como instituciones académicas pueda tener un reflejo social”. Para Euskaltzaindia es importante que “las cuatro Academias, alejadas de cualquier partido político o interés de bandería, seamos capaces de decir de forma conjunta lo que vemos para la convivencia de nuestras lenguas y de nuestras culturas”.

El primer ejemplo práctico de esa colaboración puede ser un diccionario común porque “al fin y al cabo es un trabajo que redunda en el beneficio de todos, vascos, catalanes, gallegos e hispanohablantes ya que nos haría compartir valores independientemente de la realidad político-administrativa en la que vivimos”, comenta Urrutia, consciente de que cada territorio tiene su propia identidad y situación lingüística. No obstante, opina que “podemos construir un espacio común, aquello que decía Tomás Meabe de No se es español si no se saben las cuatro lenguas de España”.

El presidente de la Academia gallega también defiende la necesidad de “aunar esfuerzos y desarrollar políticas comunes” ante la encrucijada “histórica” en la que se hallan las lenguas por efecto de la tecnología, la globalización y los nuevos hábitos de consumo cultural. “Creo que en estos momentos las Academias debemos iniciar trabajos juntas para promover iniciativas de uso y respeto de todos los idiomas en el conjunto de la sociedad española”, afirma Fernández. “Siempre digo -añade- que el tema del gallego, el vasco y el catalán no son temas de las comunidades históricas en las que están, sino un patrimonio del conjunto de España y de Europa que hay que respetar y reconocer en la práctica”. En la “práctica”, incide, y no solo en la Constitución española.

Este importante desafío pasa por “hacer mucha pedagogía social”, afirma el presidente de una institución que nació en 1905 gracias, fundamentalmente, a la Galiza exterior, a la Galiza emigrante que durante años alimentó intelectual y económicamente la RAG. “Galicia no es solo el territorio, Galicia es donde están los gallegos y hoy hay 250 comunidades gallegas activas en todos los continentes, las últimas en Nairobi y Sidney”, explica Fernández, orgulloso de las 63.000 consultas diarias que recibe el diccionario elaborado tras la unificación ortográfica del galego, la principal conquista de la RAG. “Estamos trabajando también en una gramática, así como en la gran batalla que trasciende nuestro compromiso con el estudio filológico y científico del idioma, y que tiene que ver con las políticas de normalización, de uso y de dignificación social del gallego”.

Un futuro multilingüe Del mismo modo que la unificación ortográfica del galego es un hito en la trayectoria de la RAG, para el Institut d’ Estudis Catalans (IEC) lo es la modernización del catalá llevada a cabo por Pompeu Fabra, un ingeniero y lingüista que estandarizó el idioma. “Precisamente este año es el 150 aniversario del nacimiento de Pompeu Fabra, ese gran moldeador del catalán moderno. Como le ocurrió al euskera con el batua, Fabra tuvo que preparar una lengua que era de la familia y de la literatura en algo más. Como dijo el presidente Suárez: una lengua con la que se puede explicar, escribir y publicar ciencia, química nuclear o lo que sea”, señala Joandomènec Ros, presidente del IEC. Después le siguió la gramática y la actualización del diccionario. Otra de las misiones del Institut consiste en seguir el catalá “en los cuatro estados en los que se habla: Andorra, Francia, Italia y sobre todo en el Estado, en Catalunya, en los País Valenciá, Baleares y en la Franja de Aragón”.

Al igual que sus colegas gallego y vasco, Ros sostiene que “la convivencia de las lenguas en pie de igualdad en el Estado no es real ahora y hemos de trabajar para que lo sea”. Además, sostiene la importancia de pensar en clave multilingüe desde lo propio. “El Institut -señala- se encuentra en El Rabal de Barcelona donde hay mucha inmigración, de manera que es muy difícil pensar en monolingüismo, bilingüismo o trilingüismo, hay que pensar en multilingüismo”. Según comenta, en El Rabal “se oye continuamente chino, árabe, urdu... de manera que ya veremos si nuestros hijos y nietos hablarán inglés o chino y hay que estar preparados. Por un lado hay que mantener nuestro idioma y por otro no poner puertas al campo del resto de lenguas que se están imponiendo y que dominan la economía, las artes, la literatura…”.

La RAE por la igualdad Fernández coincide en que el futuro lingüístico del Estado no es el bilingüismo sino la convivencia real entre las distintas lenguas. “Cada territorio tiene su lengua, tiene sus hablantes y hay una lengua común que nos permite comunicarnos entre nosotros que evidentemente es el castellano. Pero esa convivencia tiene que partir de que las otras lenguas tengan muy claro su estatus y muy clara la política de defensa y uso de esos idiomas”. Desde el punto de vista de este gallego, la cuestión de la coexistencia de las distintas lenguas “no es solo una política que concierne a las distintas comunidades, sino que debe ser una política de Estado. O el Estado entiende que hay un patrimonio común y que hay que apostar por él en serio y no ser letra mojada de la Constitución, o vamos a tener problemas”.

Y en todo este encuentro, que bien pudiera ser un chiste malo de gallegos, vascos, catalanes y españoles encerrados en un avión, llega la RAE. Su presidente, Darío Villanueva, tira de terruño(Galiza) y del bilingüismo mamado en casa para capear la pregunta de qué ha hecho la RAE en sus 305 años de historia para favorecer la convivencia real de las lenguas cooficiales en el Estado. La RAE, apunta Villanueva, “se ha dedicado fundamentalmente al castellano español con un gran respeto hacia las otras lenguas”. Recuerda que “en la composición histórica de la RAE ha habido académicos procedentes de Euskadi, Cataluña y Galicia y hoy en día me parece que esa actitud está más firme que nunca, ese reconocimiento en plano de igualdad de todas las lenguas del Estado”.

No obstante, señala que “nosotros tenemos una gran tarea con el español de América, Filipinas y África. Presido una asociación en la que están representadas 23 Academias, aunque pronto va a haber 24 porque se va a crear la Academia del judeo-español en Israel para reconocer el idioma sefardí, el ladino, que es una herencia del castellano de finales del siglo XV”. En definitiva, Villanueva sostiene que “yo como gallego y como director de la RAE no puedo más que abogar por ese entendimiento no solo de las cuatro Academias, sino de las propias lenguas”. Sea.

Los presidentes