De Zalla a Mozambique

Solidarios de los pies a la cabeza

Cinco voluntarios volaron a África a principios de julio y otros tantos permanecerán en el pueblo de Chimoio en agosto. (I. Vidal)

Diez jóvenes de Zalla pasan el verano en una escuela de Mozambique trabajando en el proyecto de cooperación municipal

Reportaje de E. Castresana - Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Cómo vamos a llevar todo esto? Igual hay que fletar un barco” Los cinco jóvenes de Zalla que viajarán en agosto a Mozambique para volcarse sobre el terreno en el proyecto de cooperación municipal se han visto desbordados en el mejor de los sentidos por la solidaridad local. Al llamamiento que lanzaron desde las diferentes plataformas de comunicación del Ayuntamiento para solicitar zapatos que enviar a África, los vecinos han respondido donando más de 400 pares. El carro de la compra que habían preparado para almacenarlos pronto se quedó pequeño ante las ganas de colaborar.

Los otros cinco adolescentes que se encuentran en el municipio de Chimoio en julio han acogido la implicación zallarra con alegría. Ibai Vidal, Lander Gisasola, Leire Portugués, Olatz García y Mikel Sáinz Ezkerra han participado a lo largo del año en las actividades organizadas en Enkarterri que han recaudado cerca de 4.000 euros. Ahora disfrutan de una experiencia inolvidable en el lugar de destino de la ayuda, una escuela, de la mano de la ONG Haurralde. “Aportamos nuestro granito de arena para mostrar a los trabajadores de la asociación técnicas e ideas para optimizar recursos, mejorar los métodos en cuanto a aprendizaje y administración, conocer de primera mano las necesidades y carencias de los niños y, por otra parte, abrir nuestras mentes hacia otras culturas y realidades”, transmiten a DEIA desde África gracias a la tecnología. Entre las metas que se marcaron para este mes en la reunión que celebraron el primer día destacan “enseñar inglés a los niños y trabajadores, acondicionar el terreno para que puedan sembrar verduras, participar en las tareas domésticas e ir casa por casa de los niños apadrinados para ver en qué condiciones están”.

60 niños apadrinados Los zallarras han apadrinado a 60 chavales “a los que se proporciona educación y comida”. Esto no excluye a otros de “venir al centro que gestiona la asociación y curarse las heridas”. Pese a las circunstancias que les rodean, no pierden la sonrisa ni el interés por ponerse manos a la obra. “Según iniciamos la jornada, se acercan a nosotros, nos quitan las herramientas para encargarse ellos, cuidan de sus hermanos desde muy pequeños, lo comparten absolutamente todo... Hay bastantes niños con parálisis cerebral, trastornos del espectro autista y déficit de atención que forman parte del grupo igual que el resto”, describen.

Cuando regresen en agosto volarán desde Zalla otras cinco personas para recoger el testigo y concluir la tarea. Ya al final del verano llegará el momento de hacer balance de vivencias y objetivos, presentarlas ante la ciudadanía y elegir la causa benéfica a abanderar en 2019.

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