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Democracia a la turca

Por Valentí Popescu - Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Con la toma de posesión de la renovada presidencia de Erdogan, entra en vigor en Turquía la nueva Constitución. Con ello pasa de una república parlamentaria tradicional a una república presidencialista… Tan presidencialista que la concentración de poderes en manos del presidente, junto con el talante más que autoritario de Erdogan, obliga a hablar de una democracia sultanesca.

Aparentemente, el motor de este cambio es confesional. Erdogan y su partido, el AKP, quieren acabar con la Turquía laicista creada por la revolución de Atatürk a principios del siglo pasado para transformarla en una república de islamismo moderado. Y esto es parcialmente cierto.

Pero lo de la moderación en los modales políticos de Erdogan es cada día más difícil de creer y lo de los presuntos valores democráticos del sistema, también. Las purgas masivas de jueces, funcionarios, periodistas y militares disidentes tiene tintes satrápicos y no democráticos, al igual que la saña con que se persigue a los rivales políticos.

En defensa del equipo AKP-Erdogan hay que decir que bajo su tutela el país ha tenido tres lustros de un crecimiento económico impresionante y ha adquirido en la política regional un protagonismo que no había tenido en más de un siglo. Y si bien en democracia el fin no justifica los medios, los profundos cambios que AKP-Erdogan pretenden llevar a cabo en Turquía sí que exigen éxitos sea por la vía que sea.

Porque el país está dividido en dos desde la creación de la República actual por Atatürk y dado que los altos mandos militares y el gran capital han sido desde el primer día los pilares del modelo laicista y occidentalista, un reformador impaciente e intolerante ha de proceder como lo vienen haciendo Erdogan y el AKP.

El talón de Aquiles de esta contrarreforma islamista y orientalista es que la economía turca lleva varios años bordeando una crisis financiera grave, con inhibición de las inversiones extranjeras -¡occidentales en su inmensa mayoría!-, depreciación galopante de la libra turca y un constante aumento de la inflación. Y si por el flanco económico es evidente que las ayudas han de venir de un occidente al que Erdogan y la mayoría de los turcos ya ni quieren ni admiran, militarmente ocurre tres cuartos de lo mismo. El giro orientalista que le quiere imponer a Turquía la alejan justamente de las únicas fuerzas que la pueden defender contra los mayores peligros… ¡provenientes todos del Este!

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