Thomas resuelve el dilema

El galés intensifica su dominio en el Col de Portet, donde Froome pierde gas y Quintana se lleva la victoria

César Ortuzar - Jueves, 26 de Julio de 2018 - Actualizado a las 07:25h.

Bilbao - Muerto el rey Froome, ¡Viva el rey Thomas! Rey de reyes. El galés continúa la linea sucesoria del árbol genealógico británico en el Tour de Francia que acaricia. En el col de Portet, Froome mostró por vez primera un flanco débil, como si pareciera mayor, lejos de su leyenda, difuminado por la niebla. Geraint Thomas, su compañero, la atravesó con exuberancia. En el retrovisor, la memoria tintineaba la imagen de Froome y Wiggins en La Toussuire. Era 2012. Entonces cambió la historia de Froome, que se rebeló para ser el monarca de los cuatro Tours. Es apresurado desestimar a Froome, campeón de campeones, para el futuro, pero no conviene desdeñar el impacto de Geraint Thomas, que siempre fue él último báculo de Froome, obligado ahora a pelear por mantenerse en el podio después de ceder ante Dumoulin y Roglic. “Voy a trabajar para Thomas. Él es el más fuerte. Y no tengo dudas: acabará de amarillo. Por ello, yo seguiré entregado al Sky”, zanjó Froome, que se puso al servicio del líder, el nuevo rey.

Thomas recogió en el Portet el relevo de Froome para que el Tour continúe envuelto en la Union Jack. “Me sentía realmente bien y se trataba de defender la ventaja que tenía. Gané unos segundos con Dumoulin y Roglic, así que para mí es un buen día, estoy muy feliz”, expuso el galés, de amarillo entre la niebla. El Sky no va a tientas ni en ese escenario opaco. La formación de David Brailsford, que todo lo mide, talló con mimo y delicadeza al galés hasta convertirlo en un potencial ganador del Tour de Francia. Repararon en él ante la amenaza de que Froome no pudiera disputar la Grande Bouclepor el caso del salbutamol. Probablemente no haya mejor victoria para Froome.

En la cumbre del col de Portet, con las nubes agrisando el cielo, a modo de un pintura al óleo, entre la niebla, Thomas intensificó el tono amarillo de su maillot a medida que la piel trasparente de Froome se hacía acuosa, doliente el rostro, la lengua fuera . Traslúcido el británico. Fantasmagórico. Thomas aventajó a Froome en 48 segundos, que es tercero en la general, por detrás de Dumoulin. El líder arañó tiempo al holandés, que está a 1:59. Froome cierra el podio a 2:37 de su camarada. Roglic, que hizo saltar por los aires a Froome, se balancea a 2:48 del galés. Solo Nairo Quintana, que se posó victorioso en la cima, cerrando los ojos, a ciegas, parece lo suficientemente cerca del podio, que se alejó para Landa. Resistente hasta el epílogo, al de Murgia, siempre combativo, le faltó empuje. Peor le fue a Romain Bardet, deshabitado. El francés, descascarillado, se desencajó.

En la etapa más fugaz del Tour, -apenas 65 kilómetros con un inicio novedoso, por eso de la formación en parrilla, que caricaturizó el pelotón con una salida inspirada en los paseos de Verano Azul-, la Grande Boucle entró en otra dimensión. No tanto por lo explosivo de la salida de la jornada, donde se cosieron consecutivamente Peyragudes, Val Louron y Saint Lary-Porter-, como por un final con dinamita en el que Froome, de aspecto delicado, palideció entre una galería de retratos donde posaba el poderoso Thomas, el ambicioso Roglic, el formidable Dumoulin, el imberbe Bernal, un portento, el elegante Kruijswijk y el batallador Landa.

Froome, que en el Tour de Francia siempre ha sido una certeza incuestionable, era una duda. El británico se movía demasiado, como una de esas inversiones bursátiles que se disparan para después caer. Froome dejó de ser un valor seguro. Recién iniciada la subida al col de Portet, donde Tanel Kangert gastaba las últimas balas, y tras el comando del Sky, al que solo le quitó algo de óxido el empeño del AG2R en el col de Val Louron, Quintana, al fin, jugó a ganador. Después de padecer dos pinchazos en la ascensión inaugural del día, el Cóndor batió las alas. Dan Martin le rastreó. El Sky no le persiguió. Castroviejo, monumental su Tour, puso el pilotó automático. Cuando se cansó, se amainó el ritmo hasta que irrumpió Roglic, estrangulando el manillar, y convocó la reacción inmediata de Froome. Ambos se ganaron unos planos. Dumoulin respondió con ese ritmo de pedalada profunda que parece arar la carretera. El holandés reagrupó a todos. Intercambio de miradas. Allí estaba el líder, Bernal, Froome, Kruijswijk, Roglic, Dumoulin, Landa y Bardet. Por delante, Quintana se deshizo de los que gateaban aún de la escapada. Dan Martin no dimitió. Le cesó Quintana, que se encaramó a las alturas con un minuto de ventaja sobre la nobleza.

El pulso se mantuvo sin variaciones, como el hilo musical de la sala de estar de un dentista, donde todo suena igual tal vez porque el miedo iguala a todos. Bernal, terrorífico, zanjó el ritmo de Poels. El joven colombiano, que huele a campeón de Tour en el horizonte, continuó con la serenata del Sky. A Bardet se le hizo un nudo en la garganta, asfixiado. Al francés le faltaba aire. Sin aire en los Pirineos. Jadeaba su derrota. Descosido Bardet, se impuso cierta paz social entre los favoritos. Froome pegaba sus ojos a Dumoulin, al que todos temen para la crono del sábado. Thomas atendía a Bernal, el lazarillo que guiaba el grupo a su antojo. Landa caminaba entre paréntesis. Con Quintana palpando la etapa, y la pesadez en las piernas, el de Murgia se dobló a la vera de Froome, cuyo rostro impenetrable se agrietó cuando escaseó el oxígeno.

froome no puede Roglic apretó a 2,4 kms a meta. Froome, que era una duda, se evaporó. Claudicó en silencio. El esloveno resolvió el enigma del Sky. Dumoulin observó la goma de la careta del británico. El holandés se encendió antes del túnel que ya había atravesado Quintana hacia la luz. A Froome se le apagaba la vela. A oscuras. Bernal la soplaba para recuperar la llama, mientras Roglic y Dumoulin bufaban. Lanzaban llamas. Geraint Thomas, que ha sido dos veces campeón olímpico en el velódromo, fue un dragón. El símbolo de Galés. Su bandera. El líder se ató a Dumoulin y Roglic. Froome se deshilachaba entre el ánimo de B