Rojo sobre blanco

Especie en extinción

Por José L. Artetxe - Jueves, 26 de Julio de 2018 - Actualizado a las 07:25h.

EN enero se anunciaba que Xabi Etxeita jugaría una temporada más en el Athletic, hasta junio de 2019. Firmaba un contrato que incluía un segundo año opcional, en función del número de partidos. Cuando a mediados de mayo fue titular en la última jornada de liga en San Mamés, no podía ni imaginar que estaba jugando su último partido en el club. Aunque solo han pasado unas horas de la confirmación de su salida con destino al Huesca, Etxeita sabía desde un mes antes que su relación profesional con el Athletic no iría más allá.

Eduardo Berizzo no se anduvo por las ramas, en la primera oportunidad que se le presentó tuvo a bien transmitirle a Etxeita que le convenía buscar otro equipo porque no tenía la intención de concederle minutos con un calendario más reducido de lo habitual. No le parecía adecuado ni correcto retenerle a sabiendas de que apenas participaría, de ahí que le aconsejase el cambio de aires.

Tanta sinceridad no deja de ser un detalle que califica a Berizzo, pero es asimismo algo a lo que el jugador se había hecho acreedor. Se podrá discutir si Etxeita merecía o no continuar en la plantilla, pero una vez que el responsable adoptó la decisión de no contar con él, lo mínimo que cabía esperar era que fuese claro, directo y diligente en la comunicación a fin de beneficiar en lo posible las posibilidades futuras de un futbolista ejemplar. Etxeita se mantendrá en la máxima categoría militando en un conjunto donde su experiencia y saber estar dentro y fuera del campo serán valores muy apreciados.

La trayectoria profesional de Etxeita describe al clásico hombre de club, una especie a contracorriente de la modernidad que se ha ido instalando en el fútbol de elite. Un defensa fiable y honesto, perfecto conocedor de sus virtudes y defectos. Poco llamativo desde luego en estos tiempos donde lo efímero y lo superficial dominan tanto la rutina de la actividad como la desbocada venta del producto. Una persona normal que ha hecho de la discreción, que es sinónimo de sensatez, su guía en un entorno demasiado permisivo con lo aparente.

Siendo muy joven le abrieron la puerta del Athletic y salió sin hacer ruido pese a estar mermado por una lesión de pubis. En los cuatro años siguientes, repartidos entre el Cartagena y el Elche, se ganó el derecho a regresar. Vio así cumplido el sueño que le inspiró desde niño, como confesaba en mitad de una campaña muy desagradecida, donde tuvo que aguardar hasta abril para debutar en partido oficial. Tampoco entonces se le escuchó una palabra más alta que otra porque su identificación con los colores es auténtica, no de boquilla.

Ha permanecido en todo momento fiel a sí mismo. Su paciencia y aplicación le valieron el reconocimiento del vestuario y de la directiva, que le puso como referente, además de traducirse en el acceso a la titularidad al año siguiente. Completó año y medio a gran nivel, pero una mala racha le costó el puesto y no logró invertir la situación, lo que no alteró su modo de proceder. Dedicado a trabajar como el que más, luego asumió en silencio la promoción de compañeros más verdes. Se va un genuino representante del modelo Athletic.