Misa homenaje

Agur a San Viator

Basilio Álvarez, Leonardo Pérez y Jesús Alfonso, frente a la ermita de Santa Ana, después de la misa homenaje. (E. Castresana)

Los tres últimos sacerdotes que residían en el centro abandonarán Sopuerta en septiembreHomenajeados ayer por los vecinos, ofician en Artzentales, Galdames, Turtzioz y Villaverde

Elixane Castresana - Viernes, 27 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Sopuerta. Llegaron de niños a estudiar en el colegio que acababa de fundarse y se marchan con el cariño de los vecinos de Sopuerta, que ayer abarrotaron la ermita de Santa Ana en la despedida a Leonardo Pérez, Basilio Álvarez y Jesús Alfonso, los tres últimos sacerdotes que todavía residían en el centro San Viator. Con el entrañable acto de ayer arrancan los numerosos agures que les quedan hasta su partida el 1 de septiembre, puesto que se encargan de las parroquias de Artzentales, Turtzioz y Valle de Villaverde y Galdames, respectivamente. “Sentimos una mezcla de alegría y tristeza porque te acostumbras al entorno y a la gente. Al echar la vista atrás… prima la felicidad”, sintetizó un emocionado Basilio entre besos y abrazos de los feligreses al terminar el oficio que concelebraron.

A la hora prevista para el inicio de la eucaristía el interior de la ermita ya se había llenado. Fuera, en el jardín, se situaron los componentes de la coral Atxaxpe, que aportaron la nota musical interpretando como colofón un himno de San Viator coreado por gran parte de los presentes. El centro cambió las vidas de muchos soportanos. En un contexto en el que la minería entraba en declive, las clases en la colina del barrio de San Cristóbal “permitieron que los chavales se formaran y pudieran encontrar empleo en la industria”, contó Leonardo, que presenció la inauguración “en 1951”. Jesús llegó unos años más tarde. “Cuando bajábamos a Santa Ana a jugar, en el pueblo nos llamaban los de la chaqueta negra por el color de la ropa que vestíamos”, relata. Ese mismo lugar donde ayer cerraron una etapa vital “sí que ha cambiado desde que nosotros lo conocimos: había un arroyo y se construyó otro campo de fútbol”.

Los tres clérigos recorrieron una trayectoria similar. De Sopuerta pasaron al seminario, ampliaron su formación docente y se dispersaron en diferentes destinos para dar clase antes de regresar a Enkarterri, ya cerca de su retiro.

En el San Viator que Leonardo se encontró a su vuelta “hace 17 años” se había producido una gran transformación: “el centro había crecido en cuanto a instalaciones, alumnado y calidad de la enseñanza”. Actualmente estudian allí 800 personas en el itinerario que abarca desde Educación Infantil hasta Bachillerato y en la rama de Formación Profesional.

El día a día de los homenajeados transcurre entre Sopuerta y las parroquias que supervisan en municipios de alrededor en colaboración con el sacerdote local, Miguel Vera. Por ejemplo, “tan solo en Galdames encontramos 12 iglesias, nueve de las cuales son ermitas con sus correspondientes romerías”, enumeró Jesús. “Ayer mismo estuvimos en Santiago -decía en relación a la fiesta del 25 de julio-. Es un trabajo extenso que cumplimos muy a gusto”, compartió. Basilio desembarcó en Sopuerta “hace nueve años después de haber vivido en Chile durante casi dos décadas”.

Ninguno vino al mundo en la comarca: Jesús nació en el Rif africano, Leonardo en Gasteiz y Basilio, en Villanueva la Lastra, Burgos, pero nadie duda de que sus corazones laten por Enkarterri. Se lo recordarán a diario los álbumes de fotos que repasan los momentos aquí vividos que les entregaron los vecinos durante la misa de ayer. Arantza Saratxaga ha recopilado las imágenes “de fiestas, bodas, bautizos o comuniones celebradas en las localidades donde han estado los tres”. “Mi padre, uno de los alumnos de la primera promoción de San Viator, solía repetir que el colegio fue de las mejores cosas que le han sucedido a Sopuerta a lo largo de su historia”, y se debe, sobre todo, a su capital humano.

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