TOUR DE FRANCIA 2018

Thomas hereda el Tour

Geraint Thomas, exultante, grita su felicidad a la conclusión de la crono. (EFE)

El galés certifica su victoria en Ezpeleta, donde Dumoulin vence y froome se mete en el podio final

César Ortuzar - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

BILBAO. Un grito liberador, apoteósico, exultante y feliz estalló en Ezpeleta. Fue un sonido salvaje, primitivo y gutural que se confundió con la algarabía de la afición vasca, entregada al Tour, que habló euskera en Euskal Herria. El eco de la gran victoria de Geraint Thomas en el Tour de Francia sonó ronco, duro, como un sotamano demoledor. Con la emoción chorreándole cada centímetro de piel, Thomas se abrazó a su mujer, Sarah Elen, y lloró agarrado a David Brailsford, el ideólogo del Sky, el imperio que domina la carrera francesa desde 2012. Nadie esperaba a Thomas colgado del cielo, agarrado al firmamento de la historia. El primer galés campeón del Tour. Otro ganador del linaje británico. Thomas, el campeón inesperado.

“No puedo creerlo. Me estoy volviendo loco. No sé qué decir. Es simplemente... abrumador. No pensé nunca en esto, y de repente... gané el Tour”, acertó a decir Thomas, que deletreaba su atropellado discurso sobre una nube de emoción. “Ganar en la carrera más grande de tres semanas es una locura. La última vez lloré cuando me casé... No sé lo que me pasó”, balbuceaba su sueño Thomas, txapeldun. El galés dominó la carrera con la fuerza de un dragón, el símbolo de su país, y a falta del epílogo achampanado de la pasarela de los Campos Elíseos de París, dejó patente su impronta en una crono sin mácula que venció Tom Dumoulin por un segundo respecto a Froome, que estará en el podio junto a su compañero y el holandés. Thomas será coronado en París con 1:51 sobre Dumoulin y 2:21 sobre Froome, del que recoge el cetro.

El único suspense estuvo en el triunfo de etapa, resuelto por un segundo, porque Froome despachó del podio a Primoz Roglic. El esloveno, que disponía de trece segundos de ventaja sobre Froome en Senpere, se hundió en Ezpeleta. Roglic, formidable durante la carrera, se evaporó. Se quedó a un viaje lunar de sus prestaciones de contrarrelojista. “Hice lo que pude y con eso estoy contento. Tenía buenas sensaciones y lo di todo. Fue todo lo que pude hacer”, masculló. Nada que ver con el exuberante Thomas, el rey de los Alpes que quiso homenajear a Froome en Ezpeleta con un gesto magnánimo. En la ecuación se coló Dumoulin, segundo en el Giro y en el Tour. Froome conquistó Italia, pero no pudo clavar la estrella de cinco puntas en su pechera de general en Francia. Tendrá que esperar.

Thomas recogió el testigo de Froome, aunque en realidad su historia enlaza mejor con la biografía de Bradley Wiggins, el pistard que pudo con el Tour y que abrió la puerta a una era de la que no se intuye un próximo fin. Thomas, una luminaria del velódromo, agarró la Grande Boucle después de completar un magnífico ejercicio en la crono de cierre: 31 kilómetros entre Senpere y Ezpeleta. Su actuación en el Tour, no solo mostró su capacidad para derribar montañas sino también su buena sintonía con el reloj. Thomas únicamente cedió 14 segundos respecto al campeón del mundo de la especialidad, Tom Dumoulin, vencedor del día al rebañar a Froome un segundo.

A Thomas le dijeron por radio que el vencedor era su compañero y en el descenso hacia meta aflojó de tal modo que el flamante ganador del Tour se asemejaba a un chico que corretea con la bici en verano, sin más prisa que la contemplación del paisaje. “Me sentí bien, fuerte. Me dijeron que iba primero, pero tal vez iba arriesgando demasiado en las curvas y el director me dijo que me relajara y que me asegurase ganar el Tour. Y eso es lo que hice. No puedo hablar. Es increíble”, desveló el galés, que quería rendir tributo al viejo campeón, regalarle un día de gloria en un Tour. El Sky maniobró, pero equivocó por vez primera los cálculos por un segundo. Justicia poética. El resto lo clavó, puntual como el té de las cinco. “Subir al podio con Geraint Thomas es un sueño, algo increíble después de la etapa tan difícil de viernes”, reconoció Froome, cuatro veces campeón.

El despiste de Dumoulin

Después de dejar el champán a enfriar en los Pirineos, Thomas se descorchó en la crono de Iparralde vestido para la ocasión. Día de fiesta. Entre un mar de ikurriñas, después de haber calentado al lado de un frontón de plaza libre, se liberó el galés entre pasillos humanos que animaban. El galés subrayó su el amarillo. Marcó los mejores registros cuando todos estaban en carrera. En su estampida, en una curva, la bicicleta le hizo un extraño. Quiso descabalgarle. Thomas, ágil, corrigió el gesto y no se inmutó mientras Froome, en su debate con Roglic, desencajaba al esloveno, que nunca encontró ritmo suficiente para enroscarle al podio. “Pensé que no sería posible. Estoy muy contento”, analizó el británico, un campeón de punta a punta, que peleó cada pulgada de un trazado exigente, repleto de repechos. Su carácter competitivo le validó cerrar el podio y discutirle la etapa a Dumoulin.

El holandés llegó a Senpere sin el maillot de campeón del mundo. Lo había extraviado. En Etxeondo, la firma guipuzcoana que suministra la vestimenta al Sunweb, le cosieron el traje de gala. Pako Rodrigo, el fundador de la empresa, estaba de vacaciones, pero convenció a una costurera jubilada que cosió el arcoíris. La proximidad de la sede de la empresa hizo que Dumoulin saliera como es debido en la foto. Más si cabe si quien espera en el podio es Miguel Indurain, al que recuerda tanto la estampa de Dumoulin. “Nos hemos dado cuenta de que había perdido mi mono de contrarreloj. Por suerte, nuestro patrocinador técnico es del País Vasco y, pese a estar de vacaciones, llamó a una costurera jubilada para que me confeccionara un mono nuevo a toda prisa y traérmelo”. Todos los colores iluminaron entonces Iparralde. El de Mikel Landa asomó más apagado. Perdió una plaza. Le adelantó Bardet tras una mala crono. “No ha sido un buen día, los rivales han sido mejores”, aceptó el vasco, séptimo en la general. “Me he asentado”, apuntó pensando en el Tour que viene. Este pertenece a Thomas. Es la herencia del Sky.

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