‘Lila’ - Maestra de colegio público

“Ortega está matando a los hijos de quienes trabajamos para él”

Funcionarios de Nicaragua levantan su voz para decir al mundo lo que sucede en su país

Sabela Bello - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 12:47h.

MANAGUA. “Somos miles de empleados públicos de este país los que callamos y bajamos la cabeza ante las órdenes dictatoriales del Gobierno, porque tenemos miedo, y no queremos perder nuestro empleo, ya que necesitamos trabajar para comer”, dijo una maestra de un colegio público de Nicaragua. La docente, quien pidió ser llamada Lila por temor a revelar su nombre real, comentó la situación en el país, mientras velaba el cadáver de su sobrino de 16 años, asesinado en la localidad de Jinotega la madrugada del martes. “Soy maestra y amo mi trabajo, pero no amo servir a un Gobierno que está matando a gente, a jóvenes, a un Gobierno que se lava las manos diciendo que todo está normal”. Su sobrino fue asesinado por un grupo de paramilitares junto a dos jóvenes más. Su hermana y madre de la víctima, enfermera en un hospital público, maldecía al presidente nicaragüense, Daniel Ortega, por estar “matando a los hijos de quienes trabajamos para él”. “Queremos expresar y gritar al mundo entero lo que está ocurriendo en Nicaragua”, dijo Lila, quien añadió que a esto “lo llaman Operación Limpieza, cuando lo deberían llamar Operación Muerte”. Señaló que, según el Gobierno, la Operación Limpieza se trata de limpiar el país de barricadas levantadas por los jóvenes autoconvocados y estudiantes, “pero, en realidad, para Ortega, las piedras en el camino somos nosotros, seres humanos que hemos levantado la voz”. El operativo gubernamental, que arrancó el pasado 16 de julio allí donde se ubicaban los muros de adoquines, consiste en que los pueblos y ciudades del país que fueron tomados por los estudiantes recuperen el aspecto que tenían antes de que comenzaran las revueltas populares, el pasado 18 de abril. Desde que empezaron las protestas, Nicaragua está sumergida en la crisis más sangrienta desde la década de 1980, también bajo la presidencia de Ortega. Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, comenzaron por unas fallidas reformas de la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra. El pueblo nicaragüense, callado durante años, según diversos sectores de la sociedad, alzó su voz y comenzó la represión, las amenazas y la violencia contra quienes se manifiestan en contra del poder sandinista. La crisis sociopolítica ha dejado entre 295 y 448 muertos en manifestaciones contra Ortega desde abril pasado, según datos de diferentes organizaciones de derechos humanos, víctimas entre las que se encuentra el sobrino de la maestra Lila. La empleada pública señaló que el joven “era consciente de lo que ocurría y de que él podía morir, pero dijo que si moría, iba a morir como un héroe, como un luchador, porque no quería que las futuras generaciones vivieran en una opresión”. “Él dio la cara por todos los que no lo hacemos por temor a la represión del Gobierno, que es nuestro empleador, que no admite que levantemos nuestra voz y nos da órdenes claras cada semana, con avisos de lo que nos puede ocurrir si no asumimos su mandato”, señaló la maestra, quien evitó dar más explicaciones “por miedo”. “Mi sobrino decía que quería una patria mejor, que no hubiera más opresión en Nicaragua y las consecuencias ahí están, que él está en un ataúd muerto, un niño de apenas 16 años, un niño que estudiaba primer año de secundaria y levantó su voz”, balbuceó entre lágrimas.