Mesa de Redacción

Entre el suelo y el cielo

Por Susana M. Oxinalde - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

VÍCTIMAS de las ventajas como fueron el poco consumo y el bajo precio que llevó a los compradores a coronarlos como los más vendidos, los vehículos diésel empiezan su particular travesía en el desierto por generar cantidades infames de contaminación atmosférica. Y ha tenido que ser curiosamente ahora, en pleno verano, ahí donde aumentan exponencialmente los vuelos low cost y somos capaces de llenar, junto a otras cien personas, un avión durante una hora para irnos no demasiado lejos. ¿El fenómeno no contamina? ¿No ensucia? ¿Será porque desaparece de nuestros ojos en el aire y solo lo vemos cuando llega o se va? Respecto a los que están dentro, puede que estén demasiado preocupados por llegar a destino como para pensar si sus vacaciones dañan seriamente el medio ambiente. El vilipendiado diésel languidece en tierra mientras en el cielo un avión de dos motores quema 2.700 litros de combustible por hora para llevar a alguien a un festival de música que durará dos días con su consiguiente vuelta. Debiéramos buscar cierta racionalidad entre el cielo y el suelo, entre la muerte del diésel sin paliativos y esa popularización del avioncito barato en verano para pasar un fin de semana gracias al transporte aéreo indultado en el objetivo para la reducción de gases de efecto invernadero en el Acuerdo de París. Cuanta más popularidad, más contaminante, pero la culpa solo está en los que se desplazan a ras de suelo.

susana.martin@deia.eus

Secciones