Emitida La orden internacional de detención

El regreso de una pesadilla

Latinoamérica emerge como destino del reo fugado de El Dueso, tras quedar descartada la opción de que pueda estar en Euskadi

A. Burdain - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

GASTEIZ. La consejera vasca de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, respondía que, ante la posibilidad de que el asesino y violador fugado del penal cántabro de El Dueso, Guillermo Fernández Bueno, pudiera encontrarse en Euskadi, que la Ertzaintza no descartaba ninguna posibilidad y que, hasta que se le localice, participará activamente en su persecución. Las últimas informaciones difundidas apuntan a que podría haber cruzado el Atlántico rumbo a Latinoamérica junto a su pareja sentimental, vecina de Torrelavega, y que también está en paradero desconocido. Lo cierto es que no se tienen noticias ciertas sobre su paradero. Ni los ciudadanos de los municipios del entorno de Santoña, enclave en el que se localiza la cárcel de la que se ha fugado, ni los vecinos del barrio gasteiztarra de Santa Lucía que fueron testigos hace 18 años de su crimen más atroz, respirarán aliviados hasta que las autoridades le devuelvan a prisión.

Durante las primeras y más determinantes horas de la fuga, las imágenes del reo distribuidas por la Policía resultaban, cuando menos, confusas. Mostraban a un Guillermo Fernández Bueno más joven y con el pelo largo, una imagen algo desfasada de la que podría mostrar en la actualidad. No fue hasta el viernes, cuando ya se hablaba de que podría haber abandonado España, que se facilitó una fotografía más reciente y acorde con su posible aspecto actual. En la instantánea, el preso huido aparece con el pelo corto y sonríe a la cámara. Al mismo tiempo, la Policía Nacional emitía una orden internacional de detención del individuo, una medida que resultaría mucho más efectiva si se encontrase en Europa y no en África.

En el escenario del crimen

Precisamente fue cuando su imagen se parecía más a la primera fotografía cuando Guillermo Fernández Bueno fue juzgado en Gasteiz. El 14 de diciembre de 2000 se hallaba el cadáver de la limpiadora Ana Rosa Aguirrezábal, degollada y con signos de violación, dentro de la gasteiztarra cafetería Acua, a la que acudía a trabajar cada mañana. Las huellas halladas, tanto digitales como de calzado, situaban al individuo en el escenario del crimen. El detenido, de origen cántabro y procesado por otra agresión sexual cometida un mes antes, tenía aún en su poder una cazadora con rastros de sangre suyos y de la víctima. Durante la vista oral que se siguió en la capital alavesa, su defensa argumentó que la Policía le había aislado hasta arrancarle una confesión, aseguró que las declaraciones de los testigos habían sido dirigidas, y esgrimió la ausencia de pruebas concluyentes, como la inexistencia de semen del detenido y de huellas dactilares en el cuchillo empleado en el asesinato. Su estrategia no convenció a los jueces, que le condenaron a 26 años y medio de prisión. La Fiscalía, que presentó testimonios de varias personas que aseguraron haber visto a un hombre corpulento y con coleta cerca del bar Acua en la mañana del crimen, reclamó para Fernández Bueno treinta años de cárcel por los delitos de agresión sexual y asesinato.

Desde su ingreso en el penal de El Dueso, su buen comportamiento le permitió lograr beneficios penitenciarios. En 2012, se le comenzaron a conceder permisos y siempre regresó puntualmente a prisión. Participó en un total de siete programas voluntarios de reinserción, algunos específicamente dirigidos a agresores sexuales y otros encaminados a aprender a rechazar la violencia o a evitar los suicidios. También completó un módulo de formación como auxiliar de enfermería.

Solicitó el tercer grado penitenciario y se le denegó en dos ocasiones consecutivas. Antes de fugarse, dejó su celda prácticamente vacía y repartió algunos de sus objetos personales entre los reclusos.

Las autoridades penitenciarias dan por confirmado que Fernández Bueno ha huido con su pareja, una educadora social que trabajó como educadora social voluntaria y a la que conoció hace años en la prisión provincial de Santander. La mujer no es empleada pública ni entró en El Dueso para participar en ninguno de los programas de reinserción en los que colaboran trabajadores y educadores sociales. Ahora, todos los esfuerzos policiales se centran en capturarles, una tarea complicada ya que ambos llevan una semana de ventaja a los agentes.