libro ‘Anatomía de la canción’

La trastienda de los himnos del rock y el pop

El libro ‘Anatomía de la canción’ revela cómo surgieron clásicos de la Creedence, los Stones, Elvis, The Doors, Pink Floyd, The Clash, Led Zeppelin, Aerosmith, Janis Joplin, Otis Redding, Blondie o REM

Un reportaje de Andrés Portero - Miércoles, 1 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

sABÍAS que The Doors escuchaban a Sinatra antes de grabar Light my fire? ¿Que John Fogerty se inspiró en Beethoven enProud Mary? ¿Que Janis Joplin compuso Mercedes Benzen un bar con The Beatles atronando en la máquina de discos? ¿Que la melodía de Street fighting man de The Rolling Stones remitía a las sirenas de la policía de mayo del 68 o que The Clash introdujeron sus preocupaciones ecológicas en en el punk con London calling? Todo eso, y mucho más, se esconde entre las casi 400 páginas de Anatomía de la canción(Malpaso), un libro del escritor e historiador Marc Myers en el que disecciona 45 himnos musicales, auténticos hitos generacionales.

“Este libro es una historia de amor”. Así resume su autor, un habitual en The Wall Street Journal, este recorrido por los entresijos de medio siglo de música popular, del r&b al rock y el pop, analizada por sus propios autores, músicos y cantantes, principalmente, pero también productores o compositores. Un relato que explica, a través de innumerables entrevistas, los motivos que les indujeron a crear estas 45 canciones, así como en las emociones que volcaron en ellas.

Un listado que se muestra en orden cronológico y está marcado por la subjetividad de su autor, que no ha buscado “hacer una lista de las mejores canciones jamás grabadas”. De hecho, agrupa únicamente temas creados entre abril de 1952 y 1991 porque, según Myers, “las canciones icónicas deben aguantar el paso de una generación”.

El rastreo arranca en 1952 con Lloyd Price y Lady Miss Clawdy, un r&b que fue “una plantilla tempranera para el rock’n’roll”. Cuenta que al cantante le descubrieron cuando trabajaba en la sandwhichería de su madre y que oyó la canción en la radio, un mes después de grabarla, cuando cavaba un pozo séptico en el patio trasero de la vivienda familiar. “Después no había chica que no quisiera montarse en mi coche”, recuerda Price. Y de 1959 aparece Shout, de The Isley Brothers. Su mítico juego de pregunta y respuesta con el público surgió de una improvisación de su cantante en una actuación.

La letra de You really got mesurgió cuando Ray Davies se “quedó pillado” de una chica (que no localizó después) en un concierto. The Kinks querían que el tema raspara y tuviera distorsión, así que Dave Davies hizo “unos boquetes” en el preamplificador y lo rajó con unas cuchillas para “ensuciar el sonido”, pagando el grupo de su bolsillo una segunda grabación. En el caso de My girl, himno de Motown interpretado por The Temptations, Smokey Robinson recibió un cheque extra de 1.000 dólares por su éxito.

himnos de los 60 En el caso deLight my fire, la canción que “más derechos de autor nos ha dado a The Doors gracias a la versión de José Feliciano”, según sus supervivientes, surgió de un cruce de influencias entre la bossa, los solos de John Coltrane y el gusto de Jim Morrison por Sinatra. ¿Y qué pasó con (Sittin’ on) The dock of the bay? Pues que Otis Redding murió sin oírla, siendo completada por el guitarrista Steve Cropper. Un amigo suyo le grabó los efectos (el mar y las gaviotas) y su célebre silbido final nació porque “no se nos ocurría nada para el puente instrumental”.

Seguro que desconoces que Street fightin’ man se llamó antes Did everyone pay their dues?, que su melodía era deudora del “ulular tan raro de las sirenas policiales” en la Francia del 68 y que sus guitarras están influenciadas por Bo Diddley y Robert Johnson. ¿Y sabías queProud Mary, de la Creedence, tenía el título tres años antes de publicarse y que Fogerty la compuso en dos horas al cruzar las influencias de Mark Twain y la 5ª Sinfoníade Beethoven? En el caso de Suspicious minds, Elvis preguntaba siempre tras su éxito si Mark James, su compositor, tenía alguna canción similar, mientras que Whole lotta love, de Led Zeppelin, la escribió Jimmy Page en su casa flotante y que su versión corta “no la he vuelto a oír”.

Y de los 70 hasta los 90 Myers rastrea con sus entrevistas hasta averiguar que Joplin creó Mercedes Benz, su última grabación, en un bar, con apoyo de una servilleta y de la actriz Geraldine Page;que Maggie May, de Rod Stewart, narra cómo perdió la virginidad en un festival de jazz;que Joni Mitchell escribió Carey con un salterio en una cueva con pulgas de Creta donde residió, en plan jipi;o que Jimmy Cliff completó la letra de The harder they come al grabarla, improvisando. “Me gusta la presión”, explica.

Anatomía de la canción nos conecta con el presente al exhibir anécdotas de bandas como Aerosmith (Tyler escribió la letra de Walk this way en una pared porque no tenía papel) y Blondie (en Heart of glass el verso del estribillo, “era como un grano en el culo”, se convirtió en “como un corazón de cristal”);o autores como Elvis Costello (Red shoes surgió en un trayecto en tren, rememorando una ruptura).

Curioso resulta también la raíz de Another brick in the wall, de Pink Floyd. Esa metáfora sobre “la incomunicación, el control de las instituciones y las barreras emocionales, no contra la educación”, partió de un incidente de Roger Waters en directo con un fan que intentó subir al escenario y al que el músico acabó escupiendo. El coro infantil se grabó con “múltiples capas”, para que pareciera que “había más gente cantando”.

Concluye con el éxito de REM de 1991, Losing my religion, que surge de una expresión sureña sobre la pérdida de la fe. Fotografía de un amor no correspondido, nació de la mandolina de Peter Buck inspirada en un riff de Ryuichi Sakamoto, con Mills fijándose en el bajista de Fleetwood Mac y Michael Stipe escribiendo la letra “andando en grandes círculos”. Según el vocalista, “componer la canción del verano es lo más grande para un artista pop”. En su caso, lo lograron sin que esta tuviera “ninguno de los rasgos de este tipo de canciones”.