De pintxopote con...

“Lo mejor de Bilbao es el chuletón”

¿Qué hacen dos primos murcianos cuando se reencuentran en Bilbao? Comprar una ikurriña. Fotografía Oskar González

Ginés es un murciano que ha llegado a Bilbao para visitar a su primo. Ha encajado bien que la novia de este sea abertzale y solo quiere dos cosas: txakoli tinto y visitar una ‘herriko’

Por Aner Gondra - Miércoles, 1 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EN la plaza Unamuno hay más jaleo del habitual. Las personas que salen de la boca del metro dibujan una sorpresa en su cara al encontrarse, en plena tarde de martes, una muchedumbre que lo ocupa todo. No es una manifestación, ni ninguna concentración organizada. Es, simplemente, el poder hipnótico de la buena música. Un quinteto se ha plantado en una esquina de la plaza y está acariciando los tímpanos de los presentes con ritmos pegadizos. La gente se agolpa a su alrededor y no tarda en surgir una primera, segunda y hasta séptima fila. A un lado de la plaza, con cara de limón, un payaso espera junto a sus trastos a que termine el concierto y poder empezar de una vez su propio show.

La música también llega hasta las terrazas de los bares y a los mostradores de estos. Allí, de pie, saborea sus vasos otro quinteto. Se trata de Paco Blaya, un murciano que echó raíces en Trapaga, su novia, la barakaldesa Igone García, y Ginés Sánchez, el menos joven de los presentes, que ha llegado desde Murcia con su mujer y su hija Sara para visitar a Paco, su primo.

“Llevaba 10 ó 15 años queriendo venir a Bilbao. Y estando mi primo aquí, por fin, he podido venir. ¡Y aquí estamos tomando unas cañas!”, explica Ginés, un tipo de palabra suelta al que parece que no se le puede quitar la sonrisa de la cara ni a golpes. “Bilbao nos está dejando una impresión muy buena”, confirma, “lo que más me ha gustado de la ciudad es el chuletón”. “¡Y las cocochas!”, añade su hija Sara en un periquete. No llevan ni doce horas en Bilbao, pero parece que sus estómagos ya han sido conquistados para siempre por el botxo.

Paco confirma que está muy involucrado en sus labores de anfitrión. Ya les ha llevado a ver el mercado de La Ribera y a comer a una sidrería. Así que ahora se esmeran en otra tradición bilbaina: el poteo. “Bueno, ahora vamos a gintonics”.

Aquí Ginés quiere hacer un apunte: “En Bilbao me está siendo imposible beber un txakoli tinto. Me he informado y originariamente el txakoli era tinto. Sé que se sigue haciendo txakoli tinto, pero mucha menos cantidad, se lo beben los cabrones de las bodegas y comercializan muy poco. Así que hoy no estoy consiguiendo beber un txakoli tinto en Bilbao”. El drama para el murciano es de dimensiones importantes: “No quiero irme sin beber txakoli tinto”.

Una de las cosas buenas de visitar Bilbao ha sido encontrarse con Igone, la novia de Paco. “Me he llevado una sorpresa cuando me ha dicho la novia del primo que es independentista. ¡Mi prima!”, relata Ginés. “¡Por supuesto!”, confirma Igone. Entre los autóctonos falta valor para explicarle a Ginés que, a partir de ahora, ya le puede llamar lehengusina. Iba a ser más fácil conseguirle el dichoso txakoli tinto.

Y es que Ginés viene con otro deseo. Algo viene pidiéndole aventura por sus adentros. “A mí me gusta venir aquí para hablar de política”, confiesa, “todos estos años que yo decía que quería venir a Bilbao, mis amigos me decían que no viniese”. “Sí, porque fuera de aquí la gente solo se queda con lo que sale en la televisión y te comen la cabeza”, matiza su primo Paco. Ginés termina destapando sus intenciones y lo confiesa abiertamente: “Yo quiero ir a una herriko taberna. Y mi prima ya me ha dicho que hay una por aquí cerca”. Y cuando piensas que Ginés ya no puede sorprenderte más, se mete la mano en el bolsillo y despliega un tesoro que se lleva para Murcia. “Ya me he comprado mi ikurriña y he paseado por Bilbao con ella”. Y si no te lo crees, atento a las fotos que tiene en el móvil con la bandera por la chepa...

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