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El progreso

Joserra Cirarda

Por Joserra Cirarda - Viernes, 3 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

TODO comenzó cuando un grupo de mujeres, allá por el Neolítico, decidió que los hombres de su tribu no eran lo suficientemente hábiles como cazadores y que, si conseguían cultivar la tierra, esta daba frutos con más seguridad y menos peligrosidad que los que conseguían sus compañeros. De ahí se pasó al trueque. Tú me das unas semillas, yo te ofrezco un trozo de carne. Pasó el tiempo y las monedas surgieron en una sociedad asentada ya en poblados. El comercio daba sus primeros pasos. La evolución humana seguía unos pasos en los que la selección natural premiaba, no solo a los más fuertes, sino también a los más inteligentes. Los comercios se fueron diversificando. Los oficios pasaban de progenitores a descendientes. Todo siguió un orden supuestamente natural hasta que la Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII, aceleró los cambios en todos los órdenes. Las ciudades comenzaron a crecer de manera exponencial. Los comercios ya no eran solo tiendas especializadas en unos pocos productos. Ofrecían de todo en superficies cada vez mayores. Así nacieron los grandes almacenes. Los coches a motor sustituyeron a los de caballos. Recientemente hemos vivido la revolución digital. El mundo se ha hecho enano. Lo que antes requería un día entero, ahora se dilucida en un segundo. Internet, acabará con el papel;Amazon, con los grandes almacenes, y si los taxistas no saben adaptarse, los VTC pondrán fin a su servicio público. ¿O es privado? Es el progreso, amigo.

jrcirarda@deia.eus

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