Fatxas

Por Koldo Mediavilla - Sábado, 4 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

NO pensaba yo que el panorama daba para tanto. La proliferación de discursos rayanos a la derecha extrema que últimamente escuchamos la situaba en una pugna entre Rivera y Casado para atraerse a un electorado conservador que las permita un nivel de prevalencia en el escenario político español. Y algo de esto hay. Pero apenas me han bastado dos días fuera de Euskadi para percibir que socialmente hay un caldo de cultivo muy peligroso y que si algún espabilado juega a manipular la opinión pública puede cosechar un resultado que democráticamente sería muy peligroso.

Comprando el pescado lo constaté. En el ultramarinos en el que me encontraba estaba encendida una televisión y en ella se reflejaba un problema de orden público con unos manteros en una localidad que no pude precisar. Mientras aguardábamos pacientemente el turno, llegó un comercial que encendió la mecha. Mirando a la pantalla exclamó: “Cualquier día de estos nos van a echar del país. Se están haciendo los reyes de España”. Inmediatamente, dos mujeres situadas a mi lado contestaron: “Yo tengo miedo hasta de salir a la calle, te roban el bolso, te pegan…”. “O algo peor”, espetó otra joven que hacía cola con una chiquilla“. La pescadera, que me conocía de años atrás, pretendió desviar la atención pero ni por esas. El viajante apuntilló. “Para que luego, el Pedro Sánchez ese -se supone que hablaba del presidente de su Gobierno- diga que vengan a España todos los africanos que quieran”, afirmación ratificada por la mayoría allí concentrada.

Entre pescadillas y rodajas de bonito traté de distender un poco la situación con un comentario irónico. “Los reyes de España… para eso está Corinna”. Intenté localizar una sonrisa pero no fue eso lo que provoqué. Afortunadamente, pude coger mi pedido y salí apresuradamente. El horno no estaba para bollos.

Se trata, sin duda alguna, de una simple anécdota, pero comenzado el mes de agosto hay una serie de informaciones, declaraciones e indicios que apuntan a un proceso de regresión política y social notable. No solo por los problemas que acompañan a la llegada de refugiados y a las oleadas de migrantes que salen de sus países (África no es un país) la búsqueda de oportunidades de vida en el hemisferio norte. No por la utilización del miedo a los diferentes como germen de la xenofobia, sino por el retorno a una mentalidad que creíamos -afortunadamente- superada y que nos retrotrae al franquismo. A aquella España negra del nacional catolicismo.

A la espera de que los restos del dictador puedan ser retirados del mausoleo público del Valle de los Caídos, se han producido diversas noticias que nos obligan a estar en situación de alerta.

La primera de ellas hace referencia a un manifiesto firmado por 181 exmandos militares titulado Declaración de respeto y desagravio al general Francisco Franco Bahamonde, soldado de España. En dicho escrito, los altos cargos del Ejército ya retirados -generales, almirantes, comandantes, capitanes y un exasesor del Jefe del Estado Mayor con el Gobierno del Partido Popular- piden respeto por la figura de Franco “vilipendiada hasta extremos inconcebibles” con el objetivo “de borrar medio siglo de nuestra historia” a través del “empeño visceral de revancha” del Gobierno del Partido Socialista que lidera Pedro Sánchez.

“Después de los permanentes ataques a la persona del General Franco desde su muerte, borrando sin prisa pero sin pausa todo vestigio de su quehacer por España, la izquierda política y todos sus medios afines han desatado una campaña sin medida”, afirman en la misiva. Según apuntan, el objetivo de la exhumación de los restos del dictador no es otro que el de hacer “desaparecer definitivamente” al “principal artífice” de la historia de España.

En el manifiesto los exmilitares indican que al inicio de la guerra de 1936 Franco accedió debido a la insistencia de sus compañeros a ejercer “el mando único de la España agredida y asediada por el comunismo internacional aceptado y adoptado por el Frente Popular”.

En ese sentido, los exmandos militares de la pasada dictadura instan a “los directores y actores de esta campaña infame, a retomar la verdad histórica”, así como a poner fin a lo que han calificado de “perversa pretensión” de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos.

En un pasado no muy remoto, a este tipo de declaraciones se les asociaba con el término de “ruido de sables”. Confío en que las autoridades democráticas españolas estén especialmente diligentes y atajen de raíz cualquier simpatía corporativa. Y, cuando menos, se acabe con las subvenciones públicas a una asociación como la Asociación de Militares Españoles, que continúan haciendo apología del franquismo,

Los exmilitares no están solos. El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 23 de Madrid acordó suspender el cambio de nombre de ocho calles de la capital, como Comandante Zorita, Millán Astray o Caídos de la División Azul que había sido aprobado por el Consistorio en virtud de la Ley de Memoria Histórica. En una sentencia, el magistrado titular del Juzgado estima parcialmente un recurso interpuesto por la Fundación Nacional Francisco Franco contra el acuerdo del Gobierno municipal que en 2017 aprobaba el cambio de nombre de 52 vías de la ciudad.

El juez afirma en la sentencia que en el caso del cambio de las denominaciones no admitidas tiene que ver con “la falta de motivación suficiente” por parte del Comisionado de la Memoria Histórica, exigiendo que para promover un cambio en el callejero debería argumentarse “un plus adicional de participación o significación” de los afectados con la Guerra Civil o la dictadura franquista.

Sin embargo, lo más grave del auto publicado los pasados días hace mención a la legitimación de la Fundación Francisco Franco como acusación particular en el procedimiento. El magistrado en particular, Alberto Palomar, reconoce a dicha fundación por “ser una persona jurídica con plenitud de derechos que en sus estatutos y actuación quiere preservar la memoria y consideración que, a su juicio tiene un jefe del Estado de otra época histórica”. Tal apreciación simple y llanamente es una infamia. En Alemania o Italia una apreciación similar hecha en relación a Hitler o Mussolini sería penalmente perseguible y punible. Pero aquí no.

Y para terminar de cerrar el círculo tenemos a un representante de la Iglesia católica, el obispo de Valencia y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares.

Cañizares ha aprovechado su último escrito de julio para advertir sobre la apocalíptica situación que, a su criterio, vive el mundo en general y España en particular.

En ese relato catastrofista, el cardenal incide en una “memoria histórica para dividir, para reabrir de nuevo heridas ya curadas, para confrontarse”. España atraviesa una situación de “división” y “desconcierto”. “No encontramos la unidad, no hallamos la paz, ni alcanzamos la reconciliación entre nosotros”, subraya. Y carga las tintas contra quienes reivindican el derecho a decidir. “La unidad de la casa común que es España” se encuentra actualmente “amenazada de destrucción por secesionismos y nacionalismos que apoyan intereses particulares y, se diga lo que se diga, no son más que ideología”. “Esta situación surge cuando se opone al bien común y al bien de la persona y de la verdad, intereses particulares, ideológicos, de poder;o cuando todo esto está alimentando y conducido por falsos pastores o guías, conductores de los pueblos que en lugar de reunir dispersan, en lugar de servir al bien común de las personas, de los hombres, utilizan, se sirven de ellos, los instrumentalizan”.

Un amigo me dijo recientemente que “los fatxas han vuelto”. Yo le corregí. No han vuelto, siempre han estado aquí. Lo que ocurre es que ahora encuentran las condiciones externas e internas para intentar recuperar un espacio que perdieron afortunadamente con la democracia. Los populismos, la demagogia y una comunicación en la que proliferan falsedades, bulos, aprovechando la debilidad de un sistema que creyó que la transición pondría punto final a los franquistas, han hecho que reverdezca el revisionismo histórico y el auge de los nostálgicos. Urge, por lo tanto, una decidida acción política consensuada entre las formaciones democráticas que actualice-modifique la ley de memoria histórica. Que penalice a quienes argumentan y hacen apología del franquismo, Que persiga e ilegalice las formaciones que fomentan el odio y que impida la instrumentalización del estado de derecho para acabar con él.

Creo que estamos a tiempo para detener la acometida de los fatxas. En ello nos va el futuro.