Euskal Herria Txapela

El proyecto toma forma

El Athletic de Berizzo no se limita a ganar la Euskal Herria Txapela con gol de Williams y despliega un juego sugerente que le situó varios palmos por encima de la Real Sociedad

José L. Artetxe - Domingo, 5 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - De una prueba celebrada a casi tres semanas del comienzo de la competición, que es cuando un equipo debe estar fino y fuerte, no conviene extraer conclusiones categóricas. Sin embargo, puede ser una referencia válida a fin de analizar el estado de una obra incipiente si, como era el caso ayer en Irun, delante hay un enemigo directo en el más amplio sentido de la expresión. Un Real-Athletic siempre implica la asunción por parte de ambos clubes de un nivel alto de seriedad y exigencia, espontáneamente genera un clima que obliga a aparcar el carácter amistoso de la cita. Se quiera o no, más allá del trofeo en liza, el duelo se convierte en el crudo reflejo de la máxima rivalidad existente. Nadie es ajeno a ello ni entre los profesionales ni en el entorno.

Por todo ello, cabe afirmar con agrado que el Athletic salió reforzado del Stadium Gal. Al margen de alzarse con la victoria, transmitió que el proyecto liderado por Eduardo Berizzo va arraigando en el seno de la plantilla, lo cual le sirvió para exhibir una nítida superioridad sobre la Real en el cómputo global y especialmente durante la primera hora, hasta que el natural cansancio y las múltiples sustituciones en los dos bandos fueron desvirtuando el cariz de la contienda. Ganar es importante, aunque lo es más alimentar expectativas a base de plasmar conceptos futbolísticos interesantes. Y no era una meta sencilla, dado que el personal (de los dos lados) acudía sobrecargado de trabajo, la elevada temperatura no acompañaba y el estado de la superficie menos aún.

Pegas reales que no impidieron que el Athletic mostrase unas hechuras que en la Real apenas asomaron. Tras un arranque con todos corriendo como en el patio del colegio para marcar terreno, enseguida se percibió cuál era la idea que el Athletic pretendía desarrollar. Y lo hizo con eficacia, constancia y un empeño que retrató las debilidades del enemigo, incapaz de sacudirse un dominio nacido de una presión bien coordinada, agresiva y avanzada, consolidada gracias a un manejo ágil de la pelota, normalmente a ras de césped, por llamar de algún modo a la hierba amarillenta y encharcada en varias zonas donde tocó desenvolverse.

Pese a que Garitano colocó cuatro medios en su dibujo, la batuta correspondió al Athletic. Dani García puso en marcha la aspiradora para barrer todo el ancho, un móvil Unai López dirigió con gracia las maniobras y la pareja Muniain-Susaeta aportó la pimienta suficiente para mantener agobiada a la Real. El dato al descanso de las catorce faltas señaladas a los guipuzcoanos (cinco de los rojiblancos) es un indicativo elocuente de por dónde fueron los tiros. La impotencia se adueñó de Illarra, acreedor a algo más que a la amarilla que vio, y compañía. Zubeldia y Llorente no hallaban vías para sacar el balón, que enseguida pasaba a las botas del Athletic.

Dos aproximaciones tempranas hubo al área de Arrizabalaga, en la opuesta se acumularon y todas tuvieron veneno. También a balón parado, con Susaeta de lanzador y Núñez de rematador, pero sobre todo tirando de combinaciones, toques cortos alternados con pases a zonas descongestionadas de manera armónica, práctica para desbordar líneas. Únicamente faltó el premio, pero la notable impresión que había dejado el Athletic tuvo prolongación después y Williams, que no se halló en el ala izquierda, abrió el marcador tras robo de Dani García y avance de Susaeta. Armó rápido el chut, cruzado y raso, imposible para Rulli, encargado de evitar mayores problemas a los suyos en varias acciones.

Más espeso Corría el cronómetro, Garitano buscaba respuesta y refrescó la zaga y luego el ataque. Berizzo esperó un rato todavía, los síntomas de agotamiento eran evidentes, los errores individuales, alguno peligroso a cargo de Yuri o Núñez, empezaron a menudear. La Real tomó algo de aire, ganó posesión y William José lo intentó desde la frontal. Por un momento pareció que el Athletic pagaría caro el esfuerzo, pero la rueda de sustituciones estabilizó el partido. El juego perdió profundidad, solo Susaeta mantuvo el tono en ataque, pero tampoco Arrizabalaga trabajó más. Los ingresados en el tramo final equipararon las fuerzas y poco más. Se trataba ya de aguantar el resultado y en la media hora final se vieron pocas cosas sugerentes.

De lo previo, esto es, del meollo del derbi, puede Berizzo congratularse. Su equipo cumplió en el papel de protagonista estelar. Mandó y se lució. No todos rayaron a la misma altura, pero como bloque brindó una imagen sugerente. Desplegó un fútbol dinámico a una velocidad que en estas fechas es insostenible en noventa minutos y supo asimismo protegerse cuando careció de esa chispa sin la que cuesta mucho crear juego. Además del portero, cuatro hombres resistieron hasta la conclusión y el resto de los titulares se exprimió durante una hora larga. Era uno de los objetivos propuestos y hoy en Mainz serán otros quienes comparezcan en un examen de similar dificultad. Es obvio que bastantes de los que ayer gozaron de la titularidad opositan firmemente a figurar en la alineación que salte el día 20 en San Mamés. Méritos hicieron.