Tribuna abierta

Recordar para avanzar

Por Etiker - Lunes, 6 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

UNA mañana de agosto, hace 18 años, una bomba-lapa adosada a su coche delante de su empresa, terminaba con la vida de Joxe Mari. Hombre bueno, honrado y trabajador, lleno de vida y proyectos. Junto a la estupefacción del atentado, se extendió el miedo, la indignación y una cierta vergüenza. No era el único caso.

Después de tantos años, se impone de nuevo recordar el hecho y su significado y transmitirlo a las nuevas generaciones. La posibilidad de la barbarie está a la vuelta de la esquina. Lo más grave no es solo el hecho de un terrible asesinato injusto, sino el olvido de la injusticia. Por desgracia, son muchos entre nosotros los que afirman que para vivir en paz hay que olvidar estos sucesos, un olvido inexcusable.

memoria vindicativa, no venganza. Esta no humaniza a las personas, ni tampoco el silencio y el olvido culpable. Queremos construir el futuro con otros valores, como la justicia, la verdad y el perdón. Pero si no queremos engañarnos y falsear la historia de nuestro pueblo, sanando de alguna manera las heridas infligidas de una época desgraciada, tampoco podemos silenciar y tergiversar los asesinatos y el sufrimiento injusto por algo que nunca debió haber ocurrido.

A su vez, es necesario destacar otro aspecto importante de la vida de Joxe Mari Korta: su aspecto de hombre trabajador y emprendedor. Hijo de un humilde caserío del Bajo Urola, supo poner en marcha, no sin dificultades, una empresa de alto desarrollo técnico y gran valor competitivo. Simbolizaba de alguna manera al empresariado euskaldun, paradigma de tantos valores proclamados.

Su oposición al chantaje inmoral del “impuesto revolucionario” le condujo a la muerte, ejemplificando el camino que habían seguido o podían seguir otros que le imitasen. Es necesario recordarlo, por lo que no nos podemos callar. Aunque, en estos momentos es peligroso hablar de ejemplos y símbolos, creemos que no es ocioso hacerlo en este recuerdo.

Se habla constantemente de una revisión crítica del pasado, de la violencia, del terrorismo político, de los atentados indiscriminados, de la represión consecuente...

Se afirma de forma interesada y torticera que “hay que pasar página” del triste pasado vivido. Pero, ¿qué significa esto cuando se están multiplicando cada día homenajes y recibimientos triunfales y de ensalzamiento a personas que han cometido graves atentados hasta la muerte, contra otras personas y destruido bienes públicos, presentándonos como héroes y “gudaris” y que lo que se hizo “había que hacerlo” pues era una necesidad histórica? ¿También el asesinato de Joxe Mari Korta, como la de otros como él, era una “necesidad histórica”? ¿Tenían que morir? ¿A quién se quiere engañar falseando hechos tan evidentes? ¿Cómo se puede hablar de convivencia, diálogo y un “nuevo tiempo” cuando se humilla de esta manera a las víctimas y a sus familias?

Aunque sea discutible el modo de hacerlo y las exigencias que conlleva nadie, con un poco de sensibilidad humana y deseos de normalización en la convivencia, discute el acercamiento, la reintegración y la libertad de los presos de ETA. Aunque, a este respecto, también es necesario recordar que ha sido la propia ETA y su entorno, los que durante largo tiempo han retardado la aceptación de medidas penales de gracia para sus presos.

Queremos repetir una vez más, y en este caso en el aniversario de la muerte violenta de Joxe Mari, que la auténtica arma política para lograr la paz y la concordia en la convivencia, no es otra que el reconocimiento del daño injusto inferido a tantas víctimas inocentes, sin obviar también los excesos de la lucha antiterrorista. Lo mismo que se es inflexible en la denuncia de la tortura, debe ser mayor la denuncia de tantas muertes injustas. Y esto no siempre se hace.

Afirmar el carácter político de los presos, obviando que están en la cárcel, no por sus ideas políticas, que también las tienen otros ciudadanos, sino por graves hechos sangrientos llevados a cabo, es falsear la memoria y la verdad. Esta se corrompe con el silencio y el olvido, pero sobre todo con la mentira tanto escrita como hablada.

Que en Euskal Herria ha habido una violencia ilegítima de motivación política, que ha provocado pluralidad de víctimas, es evidente. Otra cosa es la legitimación política y ética que se ha querido dar a ese terrorismo político.

Pedir perdón solo para las víctimas cometidas por error y una fría referencia para las demás es un sangriento gesto que hace todavía mayor el dolor del crimen y que, como se ha visto, ha provocado un profundo rechazo en la sociedad vasca.

La muerte injusta de un ser querido es terrible. Es imposible separar el recuerdo del dolor. Duele el recordar, pero todavía más duro es olvidar. En estas circunstancias es fácil rendirse al odio y a la venganza, pero la pena no solo separa, también une. No es un camino fácil. Es confuso, y a veces lleno de contradicciones, pero es una fuerza interior que da sentido a la muerte de muchos seres queridos y a nosotros mismos. Los que nos hemos odiado estamos condenados a entendernos si no queremos desesperarnos.

Por todo ello, el próximo miércoles, día 8, en el mismo lugar donde fue asesinado le recordaremos a Joxe Mari de una forma sencilla pero entrañable. Adiskide, egun handira arte!

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