desarrollo industrial durante el siglo XX

El patrimonio industrial vasco se pondrá en valor con visitas guiadas a Consonni

Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra una de las linotipias donadas que componen la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
La colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero
Armando Llamosas muestra la colección resguardada en Consonni. Fotos: Borja Guerrero

La fábrica de Zorrotzaurre, del Gobierno vasco, abrirá sus puertas desde septiembre para mostrar sus casi 2.000 piezas

Ane Araluzea - Martes, 7 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - Los vizcainos de cierta edad recordarán con nostalgia el resplandor que emanaba de la mastodóntica fábrica siderometalúrgica que condicionó el desarrollo industrial del territorio durante el siglo XX. Su fulgor, su resonancia y su ajetreo marcaron los recuerdos de varias generaciones que ahora se retrotraerán a esa reminiscencia al observar, más cerca que nunca, las siglas de Altos Hornos de Vizcaya que dan la bienvenida a la antigua fábrica Consonni de Zorrotzaurre. Es en este inmueble donde el Gobierno vasco resguarda y tiene catalogadas casi 2.000 piezas con valor patrimonial que sirven para explicar el pasado industrial vasco. A partir de septiembre, abrirá sus puertas al público para que, a través de visitas guiadas semanales, los interesados puedan conocer “el aspecto humano de algo que es tan inhumano como una máquina”.

Rodeado de voluminosos amasijos de hierro que ocultan décadas de trabajo, Mikel Aizpuru, director de Patrimonio Cultural del Gobierno vasco, afirma que la intención es promocionar más la factoría para “aumentar el número de visitas” que hasta ahora estaban restringidas. “Sin que pierda, de momento, su carácter de centro de depósito, queremos darle más visibilidad”, afirma tras reconocer que han comenzado “de forma más sistemática” a ponerlo en valor, explicándolo “para que la gente sea consciente del valor industrial, de dónde venimos”. Para coordinar las visitas, indica que contarán con la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública, un aliado imprescindible para relatar la historia de las máquinas. Cualquiera que lo desee podrá participar tras llamar al teléfono 681213539.

“El material que hay es muy variado, están representados prácticamente todos los sectores: desde las artes gráficas hasta la industria minera, pasando por la alimentación o el sector naval”, expone a su lado Armando Llamosas, técnico de Cultura del Gobierno vasco que conoce en profundidad la maquinaria cobijada en los casi 4.000 metros cuadrados de la fábrica. Según relata, todo el material, proveniente de donaciones es documentado en una ficha en la que constan todas sus características. “En los años 90 hubo una caída industrial terrible. Se cerraron muchas empresas y hubo una recogida de material importante. Ahora es muy residual”, señala.

En palabras de Llamosas, se guarda todo lo considerado representativo de la industria vasca. “A veces no es la antigüedad el criterio principal, sino que hay sectores que por la importancia que tienen son más llamativos”, concreta el técnico de Cultura. En ese sentido, subraya el valor pedagógico que tienen algunas piezas. “Para entender de dónde surge la prensa moderna, observar una linotipia tiene un valor enorme”, expone mientras señala una de estas piezas que “si se enchufa, funciona, ya que ha venido directamente de producción”. Como ejemplo de ello, cita un antiguo urinario de Altos Hornos de Vizcaya “donde se puede ver la búsqueda de la productividad”, ya que “ahí podían orinar dos empleados en lugar de uno, con lo cual no tenían que hacer cola y podían volver al trabajo antes”.

Otro ejemplo es una maqueta de un horno Bessemer, de los que ya no queda ninguno en funcionamiento, que está junto al vestíbulo de Consonni. “Se realizó en los años 40, en la Escuela de Aprendices de los Altos Hornos. Al exponerla aquí no solo tiene la función de mostrar cómo funciona el horno, sino de visualizar el sistema educativo de estas grandes empresas. Es como se entiende de dónde viene la actual Formación Profesional”, señala sobre esta maqueta, aún en funcionamiento, que fue restaurada en 1988. “Estaba abandonada. Su recuperación ha supuesto que más que una maqueta pase a ser una pieza de museo”, argumenta Llamosas.

En esa línea, afirma que el valor social de lo contenido en Consonni es incuantificable: “Estamos viendo máquinas, pero detrás de esas máquinas siempre hubo personas”. De hecho, Llamosas revela que los jubilados que acuden a las visitas “son una fuente de conocimiento enorme”, ya que explican cómo se utilizaban algunas máquinas cuyo funcionamiento, a día de hoy, no es tan obvio como parece. Tampoco es evidente para todos que las piezas tengan valor, ya que el técnico indica que hay fábricas que lo tiran todo enseguida, mientras otras guardan las máquinas e incluso las usan para promocionar la misma empresa.

Las joyas de la industria Las piezas más antiguas que alberga Consonni datan de principios de los años 20 del siglo pasado. En concreto, Llamosas señala una cosechadora de madera de la empresa gasteiztarra Ajuria como una de las más vetustas. Pero esta no es la única máquina singular. Cuentan también con una de las motocicletas Lube, fundada por Luis Bejarano, que se producían en Lutxana. “Durante unos años fueron las motos oficiales de la guardia civil”, cuenta el técnico de Cultura. Otras piezas dispares que custodian son un camión de bomberos de 1944 que perteneció a Astilleros Españoles;un microscopio, “que en su día fue muy puntero”, de la Dow Chemical Unquinesa de Leioa;una chocolatera para hacer cacao perteneciente a la fábrica de Galletas Artiach, ubicada a escasos metros;o una ampliadora de Foto Garay, que bajó su persiana en 2009 tras casi un siglo de vida.

Otra de las joyas es la rotativa que estuvo en el diarioHierro, editado en Bilbao entre 1937 y 1983. “Está desmontada en cajas de aceite, se restauró en Barcelona porque estaba en bastante mal estado”, reconoce Llamosas, mientras señala una enorme caja que guarda piezas embaladas de manera que se mantengan hasta que haya otro sitio donde exponer esta máquina para imprimir periódicos. “Tiene unas dimensiones considerables. Necesita cinco metros de alto y una visión en perspectiva para poder apreciarla”, indica sobre el mecanismo, que tuvo que ser limpiado y engrasado, para que no se oxidara.

El depósito de Consonni es una especie de almacén material genérico, pero hay otros museos sectoriales que albergan piezas de valor. Algunos de ellos son el Museo de la Minería del País Vasco, en Abanto-Zierbena, o el Museo de la Máquina Herramienta, de Elgoibar. Pero hay otros incluso más especializados, como el Museo Vasco del Ferrocarril, de Azpeitia o el Museo de Boinas La Encartada, de Balmaseda. Además, Armando Llamosas indica que “algunas piezas se han prestado a exposiciones como atrezo”, ejemplo de ello es una muestra que se realizó sobre la figura de Indalecio Prieto en la que hubo que componer la ambientación de principios del siglo XX. Y es que guardar lo antiguo supone muchas ventajas a la hora de explicar el pasado.

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