Anécdotas y cuestiones menores

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Miércoles, 8 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Ya las anteriores, ya por costumbre, podríamos añadirles los casos aislados, famosos, que sirven para exculpar cualquier indecencia porque, pase lo que pase, aquí ni ha pasado ni pasa nada, pero nada de nada… Y la nave va, por muy escorada a la derecha que lo haga, desafiando todas las leyes de la física, la ética y la criminología.

“Llegado el momento estaremos ahí para contarlo”, dice Ana Rosa Quintana refiriéndose a su marido -detenido en pleno veraneo sotograndino por su relación presuntamente delictiva con el comisario Villarejo, convertido este en malo de película- y puesto en libertad por la gatera mediática. Ana Rosa Quintana, intachable profesional, gurú del pensamiento español, conocida creadora de opinión selecta e inquisidora general de enemigos públicos, otra que no se ha venido privando de dar lecciones y de poner en la picota a quien le ha venido en gana. Los medios de comunicación afines, callaron de manera desvergonzada. Anécdota.

El Ayuntamiento de Valdepeñas nombra Señor de la Vendimia a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado. Se ve que no es tan raro ese racial no entender bien la separación de Iglesia y Estado, ni mucho menos en qué consiste el Estado laico, pero como todo el mundo sabe ese es un caso aislado, aunque se repita con frecuencia, y no una cuestión ideológica de fondo que parece irresoluble. ¿Censurable? Y yo qué sé. Solo estimo que un Ayuntamiento está para otras cosas y que, a los bultos religiosos, por mucha devoción que se les tenga, hay que dejarlos en su lugar: la iglesia. Cuestión menor, como la denuncia del Concordato con el Vaticano.

Las imágenes religiosas condecoradas, militarizadas, de manera penosa y triste, pertenecen a la misma España de charanga y pandereta que intentó exorcizar sin éxito, hace más de cien años, el poeta Antonio Machado, ese que se cita, como a otros, según convenga, callando lo que molesta y voceando arrebatados lo que conviene al caso: La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, / devota de Frascuelo y de María […] Esa España inferior que ora y embiste / cuando se digna usar la cabeza.

Casos aislados… como el miembro de La Manadaque termina allí de donde no debería haber salido nunca, en la cárcel, por probar de manera fehaciente su peligrosidad social;como el de los militares que exigen una reivindicación y consiguiente desagravio del dictador Franco;como el de los dos jefes de la Policía Nacional imputados por recibir dinero de clanes narcos de Son Banya;como los másteres de los gerifaltes del PP que apestan a falsedad de lejos, aunque se parapeten detrás del Tribunal Supremo;como el policía que le parte la cara a un fotoperiodista al grito de ¡Viva Franco!;como los independentistas catalanes agredidos un día sí y otro también ante la indiferencia de los demócratas de toda la vida;como las muestras de odio racial a los inmigrantes que corren libremente por las redes;como las muestras de fascismo callejero con banderas, himnos, gestos y bravuconería de falso patriotismo;como el juez Llarena hecho un campeón y disfrutando de la camorra mediática… No hay día que no tengamos una pimpante ración de anécdotas, cuestiones menores y casos aislados. Lo suficiente para configurar un clima, que de eso se trata, de impunidad y de felicidad social. No pasa nada. Si se hunde el mundo que se hunda, etcétera.

Anécdota veraniega, sí, pero en modo alguno una cuestión menor, la lapidaria y asombrosa frase del presidente Sánchez que parece serlo de otro país diferente a ese en el que vivimos el común: “Ya tenemos una monarquía renovada y ejemplar”. ¿Renovada? ¿Cómo, cuándo, por quién…? Caramba, este no es un caso aislado, sino una patraña en la línea del más puro rajoyato. Con el PSOE en el poder, la III República española puede esperar sentada, a no ser que, al modo del motor con agua del franquismo y de la transición, Sánchez y su jarca patenten un modo de ser, en escena y sin riesgo ni esfuerzo alguno, republicano sin república… Y la nave va, eso es lo asombroso.

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