Tras los pasos de Bob Dylan y Karpov

La Sociedad Bilbaína,EDP, el museo de Arte Sacro o los cargaderos de Orconera se podrán visitar en Open House

Un reportaje de A. Atxutegi - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Un día antes de su concierto junto al Guggenheim en 2012, Bob Dylan realizó una sesión fotográfica en las salas de billar de la Sociedad Bilbaína. Las imágenes, en las que se le ve con la cabeza cubierta por la capucha de una sudadera como un adolescente, ilustraron un reportaje en que la revista Rolling Stones publicó ese mismo otoño. Cuentan que una de sus asistentas, al planchar una de las camisas del músico, quemó una mesa de ajedrez. La marca todavía está ahí, cerca del tablero en el que estampó su firma el mismísimo Anatoli Karpov. “Disputó una partida simultánea contra veinte socios en 2007, que terminó en 18 jaques mates y dos tablas”, explica José Luis Cazorla, jefe de secretaría de la sociedad. La sede de la Sociedad Bilbaína será uno de los edificios nuevos que podrán ser visitados este año dentro del festival Open House, además del cargadero y el pabellón de La Orconera, en Barakaldo;el museo de Arte Sacro o la sede de EDP.

La actual sede de la Sociedad Bilbaína es en realidad la segunda que ha tenido la sociedad. El edificio, calificado como Bien Cultural, fue diseñado en 1913 por Emiliano Amann. Curiosamente, es hoy en día su nieto, también arquitecto, quien se ocupa de su mantenimiento. Todo, desde la misma escalinata de entrada, luce al más puro estilo de un club inglés;la propia alfombra que cubre la escalera, está hecha de una sola pieza, con una longitud total de más de cuarenta metros. Sus salones sociales, de ajedrez, billar, naipes o tertulia atesoran pinturas de incalculable valor;su biblioteca está considerada como una de las mejores privadas del Estado y en la peluquería todavía se puede utilizar un sillón de barbería de principios del siglo XX, originario de Nueva York.

Lo que hoy es el museo de Arte Sacro, en Atxuri, fue, desde 1545, el antiguo convento de La Encarnación. Su claustro cuenta solo con dos alas, algo poco común, pero que también se repite en el convento de las dominicas de Lekeitio. “No sabemos si es una extraña costumbre de esta orden en el norte”, reconoce el director del museo, Juan Manuel González. El convento, en el que todavía se pueden contemplar las pequeñas hornacinas en las paredes que servían como urinarios, sufrió lo suyo con las inundaciones. Las de 1983 llegaron al primer piso y convirtieron el claustro en un auténtico lago. Las vigas de madera que sustentan el edificio y que siguen un perfil sinuoso guardan un secreto. “No es un capricho del arquitecto, son las huellas de las inundaciones”, explica González. Y no lo podrán ver, pero un letrero da fe del manantial con el que contaban las monjas. 14 pies abaxo naze la fuente, reza.

Por los cargaderos de La Orconera, en Barakaldo, llegaron a pasar cada día 1.500 toneladas de mineral rumbo a Gran Bretaña. Todavía quedan en pie restos de uno de madera de 1876. Y lo que hoy es EDP, fue el antiguo Centro Farmacéutico Vizcaino, que hoy imita un tornado de cristal en torno al patio interior.