Biribilketa

Pero es que ocurrió

Por Iñaki González - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

SE apagan los ecos de algunos griteríos del verano aunque con ellos se quedan sin hacer algunas reflexiones necesarias. Consuela saber que no habrá más ruido hasta septiembre sobre el desalojo de los restos del dictador del panteón que se hizo sobre los huesos de sus enemigos para hacerse enterrar con algunos de los suyos. Consuela porque es cansino, huele a naftalina. Pero tendremos que husmear el aire porque, lo que trae suspendido en él, son partículas de lo que ocurrió. Y hay que olerlo, aunque apeste. En Chile esta semana han condenado a 24 agentes de la policía de Pinochet por el secuestro y desaparición de dos opositores. Allí también han decidido aplicar el olfato a su pasado aun a costa de la náusea. Como en Euskadi, donde raro es el día en el que no hay algún aniversario luctuoso bien por un asesinato de ETA, bien por uno de la ultraderecha, bien por un exceso policial. Tampoco huele bien nuestro pasado reciente pero estamos aprendiendo a superar nuestra propia arcada, a construir una convivencia sin olvido pero sin rencor. Si un preso que ha cumplido su pena sale de la cárcel ha ganado el estado de derecho. Con independencia de la calidad humana del reo, por muy recalcitrante que sea su negativa a arrepentirse;es evidente que no tiene lecciones que dar ni homenajes que recibir. Si es emblema de algo es del fracaso de la violencia. Por todo esto no entiendo la obsesión con negar que, tras el fin de la dictadura, siguió habiendo abusos policiales. No se hace grande la democracia si se empequeñecen sus servidores. En Chile lo saben, en Euskadi lo vamos aprendiendo. En España deberían. Porque no nos gusta nuestra historia. Pero es que ocurrió.