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José Ángel, el arte del pan

El sábado elaboró sus mejores panes caseros. (A. Salterain)
José Ángel contó con la ayuda de su madre, Irene, para elaborar los panes. Fotos: A. Salterain

Vecino de Elorrio, ha recuperado el horno familiar en el caserío Goseaskua de Miota con la ayuda de su madre y ahora quiere que la tradición de hornear en casa vuelva a ser una de las señas de identidad de su hogar

Un reportaje de Alain Salterain - Jueves, 16 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

ANTIGUAMENTE muchos caseríos de Bizkaia disponían entre las paredes de su hogar de un horno propio en el que cocían unos panes con aromas y sabores muy tradicionales y que ayudaban a alimentar a la familia durante toda la semana. Sin embargo, los cambios de costumbres y de estilos de vida, dejaron el horno familiar en un segundo plano y muchos de estos asadores fueron desapareciendo.

Pero ese arraigo a la tradición y a los olores familiares han sido el punto de inflexión para que José Ángel Sagasta, un vecino del barrio de Miota de Elorrio, haya decidido recuperar el horno de su casa, arreglarlo y empezar de nuevo a cocer panes. Medio siglo después de que la actividad cesará, este hombre de 54 años, se animó a arreglar el tejado y recuperar el espacio que alberga el horno de su caserío Goseaskua. Él recuerda que hace ocho años elaboró algunos panes, pero no ha sido hasta esta este año cuando ha sentido las ganas de ponerse manos en harina y ver cómo los panes volvían a salir otra vez del horno de este caserío elorriarra. “Hace una semana hice seis pero no me salieron bien, pero el sábado gracias a la sabiduría de un vecino -Lorentzo Leanizbarrutia, del caserío Barrutia del mismo barrio- conseguí hacer ocho panes de casi un kilo cada uno y la verdad es que salieron a la perfección”, recuerda.

Y es que Lorentzo es un gran conocedor del arte panadero, no en vano es el padre de Maite, ganadora en varias ocasiones del premio al mejor pan en la feria de Santo Tomás de Bilbao, entre otros premios. Lorentzo le dio la clave para hacer unos buenos panes: la temperatura. “Quiero comprar un termómetro idóneo para conseguir el calor perfecto que tienen que tener los panes para la buena cocción, Lorentzo estuvo atento y él me iba indicando cuándo el horno estaba en su momento idóneo para meter la masa”, explica José Ángel. Y así tras unos minutos en los que el horno estaba a pleno rendimiento, salieron cinco hermosos panes que se repartieron entre amigos y vecinos. En esta ocasión José Ángel amasó ocho kilos de harina, utilizando masa madre que Maite Leanizbarrutia le dio para esta ocasión.

Ese primer horneado del sábado satisfizo a los paladares más exigentes ya que en apenas unas horas los cinco panes elaborados desaparecieron de la mesa. Aunque todos parecían contentos con el éxito del pan, Lorentzo no se mostró tan feliz, ya que como le comentó a José Ángel “el buen pan se come al día siguiente de sacar del horno”. Esta circunstancia era desconocida en el caserío Goseaskua, pero para la próxima vez lo tendrán en cuenta, según señalan.

Pero además de su vecino Loren-tzo hubo otra persona que estuvo muy atenta al momento que vivieron el pasado sábado. Irene, madre de José Ángel, de 91 años, no perdió detalle de la elaboración. “Ella me estuvo ayudando en todo momento echando la sal, mientras yo amasaba”, precisa. Irene recuerda cómo sus padres y abuelos usaban el horno para crear los mismos alimentos que en la actualidad elabora su hijo. “Antiguamente, cada quince días hacíamos panes para nosotros y para los vecinos. Se cocían los sábados y repartíamos entre los caseríos para toda la semana”, comenta.

José Ángel y su madre Irene se muestran ilusionados por haber recuperado el horno y haber conseguido sacar panes elaborados con todo el cariño. Y este éxito ha supuesto que se planteen reeditar hacer panes, pero siempre como un hobby. “Yo no me quiero dedicar a esto, pero sí quiero hacerlo más asiduamente”, sentencia este vecino de Elorrio que ha recuperado el horno familiar para crear sabores de antaño.

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