Mesa de Redacción

Decolorantes y decapantes

Por Concha Lago - Sábado, 18 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

LO confieso. No oigo la Cope. Pero el lunes me chivaron que su presentador factótum, Carlos Herrera, en el programa estrella de la cadena, anunciaba una supuesta clínica de blanqueamiento anal. Sí han leído bien, no blanqueamiento dental sino anal. Escuchar en la emisora de los obispos hablar de las ventajas de tener el ano rosáceo en lugar de negro era una experiencia extrasensorial. Ante el éxito obtenido, el martes, el comunicador extendió los tratamientos a la reconstrucción del himen y la cirugía de labios menores y mayores a fin de evitar el efecto de cuello de pavo. Herrera enmarcaba estas técnicas en el cambio de prácticas sexuales y en la preocupación creciente por mantener la estética de las partes bajas mientras los tertulianos le hacían los coros. Es probable que en una lectura benévola de estas chanzas, los monseñores interpreten que la belleza empieza por dentro. ¡Error! Si uno pretende decolorar, decapar o -como se llame el procedimiento- esa zona es factible presumir que tiene intención de enseñarla profusamente. Y no sé si eso a la Conferencia Episcopal le parecerá muy cristiano por mucho que a Herrera le parezca un chiste sano lo de ponerse el ojo de Nefertiti más blanco que la nieve, o se muera de la risa cuando habla de estirarse los genitales como si fueran chicle. Y es que en el todo vale por aumentar el share radiofónico se corre el riesgo de quedarse con el culo al aire.

clago@deia.com

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