Helados nocturnos, música y txosnas

Por Bingen Zupiria - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Cuando se gestó la primera Aste Nagusia yo no había llegado aún a Bilbao. Estudiaba, trabajaba y vivía entre Donostia y Hernani. Poco imaginaba que terminaría disfrutando de Aste Nagusia como de mi fiesta y formando una familia como vecino de Bilbao. Pero, sin haber cumplido los dieciocho y a pesar de la distancia, recuerdo el interés con el que seguí, a través de las páginas de DEIA, el nuevo modelo festivo que en Bilbao iba tomando forma, con un carácter fuertemente participativo y en medio de un ambiente político y social convulso y reivindicativo lleno de anhelos democráticos, tensiones de todo tipo y la agobiante sombra de la violencia que azotaba a la sociedad vasca.

Tras nuestra llegada a la villa, Aste Nagusia se convirtió en una cita anual de la que he disfrutado en diferentes etapas: como joven, estudiante, periodista, vecino y padre.

La mayor parte de los recuerdos que conservo tienen que ver con la noche. En cuanto salíamos de trabajar, casi a medianoche, lo primero era tomar un helado y a continuación visitábamos la zona de txosnas, donde nos mezclábamos con la música y la gente en un sinfín de escenarios y escenografías abarrotadas con reivindicaciones alternativas de todo tipo.

Hablar de las txosnas es una forma de recordar las idas y venidas de las comparsas que son y han sido, de su aceptación y rechazo, de su ubicación y desalojo, y de su evolución, aunque algunas, a veces, nos retrotraigan a tiempos que afortunadamente quedaron atrás. Y el recuerdo de la música me transporta a los diferentes escenarios -Plaza Nueva, Plaza del Gas, Txurdinaga, Guggenheim-, donde hemos podido disfrutar y hemos conocido todo tipo de grupos y estilos musicales.

Hoy, años después, sigo acercándome, aunque de otra manera, a Aste Nagusia y aprovecho la cita festiva para disfrutar de la compañía de viejos amigos, visitar alguna txosna, ver algún concierto y participar en la romería que la fanfarria del grupo Salba-tzaile de Castaños ofrece, todos los años, en la Plaza Nueva.

Con el paso del tiempo Bilbao ha consolidado un modelo festivo propio y singular, variado, donde todos los planes son posibles y donde cada uno y cada una puede encontrar los ingredientes para confeccionar su propio programa. Cuarenta años es un periodo suficiente para recordar algunas de las barbaridades que se han cometido y para pedir perdón o disculparse por algunas de ellas. Es un buen momento también para reconocer el trabajo de miles de profesionales y voluntarios que con su compromiso han permitido mantener el espíritu de fiesta y celebración pacífica que Aste Nagusia debe preservar. Pero es, sobre todo, la oportunidad para recordar los momentos positivos, la diversión y la alegría de las que hemos disfrutado año a año.

Nos vemos tomando un helado, en alguna txosna o en algún concierto, después de los fuegos que, junto a Marijaia, se han convertido en la principal atracción de Aste Nagusia.

Zorionak guztioi, errespetuz jokatu eta ongi ibili. Bizi bedi Aste Nagusia.

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