Los mejores conciertos de la historia

Oskorri, la banda sonora de las fiestas

El ya extinto y añorado grupo folk ha sido siempre un habitual del escenario festivo bilbaino desde su nacimiento

Andrés Portero - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

LA banda sonora de Aste Nagusia no habría sido la misma sin Oskorri, el ya extinto y añorado grupo folk, un habitual del escenario festivo bilbaino desde su nacimiento, en 1978. Ya allí, en la Plaza Nueva, compartió sus primeras canciones con la Orquesta Mondragón y siguió haciéndolo durante años, convirtiendo cada una de sus citas en una fiesta de baile y compromiso, llenando de folk, jazz y euskera cada adoquín del espacio festivo. “Siempre fueron actuaciones especiales, de gran ambiente y participación”, rememoran para DEIA.

Oskorri está indisolublemente ligado a las fiestas de Bilbao. De hecho, Natxo de Felipe, su líder, percusionista y cantante principal, estuvo en la comisión popular que diseñó “el modelo y el primer programa”, recuerda Bixente Martínez, guitarrista de Oskorri desde los inicios. El Ayuntamiento organizó un concurso entre asociaciones de vecinos, cuadrillas y comparsas, y Txomin Barullo, a la que pertenecía de Felipe, resultó vencedor.

“Ahora parece algo normal, pero eran unas fiestas populares, creadas desde los barrios y que respondían a un modelo organizativo participativo y, por tanto, sin nada que ver con lo anterior”, explica Martínez, que aunque vivió ese momento “de costado”, abunda en el profundo cambio que acarreó Aste Nagusia. “Imagínate lo que supuso para la época liberar de tráfico El Arenal, el Casco Viejo y el centro de Bilbao”, apostilla.

Recurrentes Allí, en aquella primera edición, con los conciertos en la Plaza Nueva, ya estuvo Oskorri... y en las siguientes. “En las primeras ediciones tocamos en casi todas. Y se llenaba siempre, estaba a tope”, recuerda el guitarrista del grupo entre risas sobre un momento de gran efervescencia y reivindicaciones sociales, políticas y culturales, en el caso de Oskorri, también a través del euskera.

En aquel primer escenario, mientras La Orquesta Mondragón reivindicaba la provocación y el rock’n’roll con clásicos como Ponte peluca, Porros de fresa y limón o sus versiones de Lou Reed, teatralizadas y sexuales, Oskorri dio buena cuenta de sus dos primeros discos: Gabriel Arestiren oroimenez (1975) y Mosen Bernat Etxepare (1977), con un fondo de armario extraído de los poemas de Aresti y del sacerdote navarro autor del primer libro impreso en euskera, Linguae Vasconum Primitiae, respectivamente.

“Fueron conciertos de ambientes impresionantes y gran participación”, explica Bixente, que recuerda recitales en los que se combinaban canciones basadas en la obra poética pero radical de Aresti (Emazurtz, Guretzat, Gora ta gora beti o Astoarena, de gran carga política y social) con las de Mosen Bernat, temas más barrocos como Eskaintza, Sautrela, Bostekoarena o un Kontrapas en el que abogaban por sacar el euskera a la calle, a las plazas y a todos los lugares del mundo.

Peligro de Derrumbe Martínez recuerda 1978 como “tiempos de gaupasas” y, en el caso de Aste Nagusia, como “conciertos muy especiales”, sobre todo los primeros, en la Plaza Nueva, aunque posteriormente tocaron en El Gas, Abandoibarra, o el Parque Etxebarria. El miembro de Oskorri recuerda la peligrosidad que acarreaban aquellas comuniones musicales febriles del inicio de Aste Nagusia. “Hay que recordar que debajo de la plaza había un aparcamiento subterráneo y que, con tanto bote, el suelo vibraba. En el Ayuntamiento hubo siempre cierto temor a que todo se fuera abajo”, aclara.

Tiempos febriles de agenda para Oskorri, 1978 es recordado por el grupo también porque, en una época en la que la banda mantenía relaciones muy cercanas con las comisiones de cada pueblo o barrio donde les contrataban, en el caso del arranque de Aste Nagusia fue todo lo contrario. “Íbamos a cualquier sitio y siempre había una persona esperando, gente de contacto que nos permitía mantener una conexión fluida. En el caso de Bilbao, todo era nuevo y organizaba el Ayuntamiento”, explica Bixente, quien recuerda que “estaba el escenario y el equipo de sonido, pero nadie del Ayuntamiento, lo que fue una sorpresa. Por no haber, no había ni camerinos y la infraestructura era precaria”, concluye el guitarrista.