Boni García - Hostelero

“Quiero fiestas desordenadas, divertidas, pero con respeto”

Boni celebra el cumpleaños en su bar. (Juan Lazkano)

Tiene tantos años como Marijaia, pero eso sí al frente de su bar El Lago del Casco Viejo de Bilbao. Boni García intenta vivir las fiestas con la misma intensidad que en 1978

Sandra Atutxa - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Todos los nacidos el 18 de agosto de 1978 y que se pasen por su local se llevarán gratis una botella de txakoli. Boni García contribuye así a la celebración de una efeméride en la que ha participado activamente desde joven. Mil imágenes, millones de vivencias ha vivido este hostelero de los pies a la cabeza que intenta ver la vida de manera positiva.

Dice la letra de una canción de Fito que detrás de una barra toda una vida se nos va.

-Y así es.

¿Cuántos años lleva?

-Cuarenta y dos.

Casi nada, dos años más que Aste Nagusia. ¿Cómo ve las fiestas?

-Creo que Aste Nagusia está en un momento de madurez. Cuando empezaron las fiestas tenía veinte, ahora tengo sesenta.

¿Mejor antes que ahora?

-No es mejor ni peor. Es diferente. Nosotros sí hemos cambiado.

¿Por qué?

-Porque ahora es más difícil que algo nos sorprenda. La explosión de la novedad, esa ilusión creo que la hemos perdido. Como la primera novia que te echas... Esa sensación ya no se recupera.

¿Después de cerrar el bar solía salir de fiesta?

-Claro, muchas veces he ido a trabajar sin dormir. Una ducha y otra vez a tope.

¿Y ahora?

-También salgo, pero... con más tranquilidad. Me da pena cuando la gente fiestera de toda la vida me dice que ya no se queda en fiestas.

¿Le ha gustado la fiesta?

-Mucho, antaño solíamos juntarnos los hosteleros del Casco Viejo y nos íbamos a las txosnas de fiesta.

¿Ahora, no?

-Ya eso ha cambiado. Esa es una cosa que hecho de menos. Con el desgaste del tiempo se van perdiendo cosas...

¿Recuerda qué Aste Nagusia hizo más caja?

-Por supuesto. Pero no solo de Aste Nagusia sino de la historia del bar. El día que más caja he hecho es la noche del concierto que el cantante Miguel Ríos dio en Bilbao en el año 82, en Txurdinaga. Después del concierto vino mucha gente y fue una pasada.

¿Dónde estuvo el día de las inundaciones del año 1983?

-En el bar con mi padre y un encargado. Estaba sentado en la barra mirando hacía la puerta.

¿Cómo recuerda aquella fecha?

-Fue dramática. Eran como las siete de la tarde y no paraba de llover. El agua nos llegaba al tobillo... y vi que el coche de calzados Muro, que estaba ubicado al lado, se lo llevaba el agua. Y entonces le dije a mi padre: Vamos para arriba que esto se inunda.

¿Y se inundó?

-Vaya que se inundó y si mi padre no me llega a coger del pelo el agua me habría arrastrado y hoy no estaría aquí hablando contigo.

¿Por qué?

-Me quedé en las escaleras y vi cómo una ola se llevaba todo por delante. Yo vivía en Atxuri y estuvimos catorce días sin luz ni agua. La siguiente imagen que tengo es el resurgir de Bilbao, gracias a la colaboración de la gente que contribuyó a que todo se recuperase.

¿Al año siguiente las fiestas se cogieron con más ganas?

-La gente tenía ganas de disfrutar, de recuperarse de aquella dramática experiencia que marcó un antes y un después en la villa.

Hay gente que se queja del ruido de las fiestas.

-No lo entiendo. En fiestas tiene que haber ruido. Quiero fiestas desordenadas, divertidas, pero eso sí con respeto.

Con algunas cosas somos pocos tolerantes.

-Cuando nosotros estamos en la terraza no pensamos si hay vecinos a los que molestamos.

Verdad.

-Debemos evolucionar y hay que dejar detrás hábitos incivilizados, pero, ¿quién no ha orinado alguna vez entre dos coches?

¿Nos veremos de fiesta?

-Por supuesto.

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