Fue noticia en fiestas

Un Bilbao pintado a la acuarela

Jamás miró tanto Bilbao a su ría: la primera gabarra del Athletic acababa de surcar las aguas y el velo del cielo se rompió en plena Aste Nagusia con aquellas lluvias

Un reportaje de Jon Mujika - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL agua fue felicidad y desgracia en aquellos tres inmensos meses de 1983: la marea trajo consigo una alegría descomunal aquel 3 de mayo y arrastró a su paso cualquier esperanza tres meses más tarde, un 26 de agosto. Fue el tiempo transcurrido entre la primera gabarra en la historia del Athletic y la mayor catástrofe natural jamás vivida en Bilbao (qué digo en Bilbao, en Bizkaia entera…) a lo largo de los 40 años de Aste Nagusia. Entremedias, las leyes hablaban de una conquista social preminente cuando el 30 de julio entraba en vigor la nueva ley que establecía una jornada laboral máxima de 40 horas semanales y 30 días de vacaciones anuales. Y entremedias, a su vez, el cine más próximo celebraba un inesperado Oscar de José Luis Garci gracias a su película Volver a empezar. Eran dos historias, la legal y la procedente de la cultura, que bien hubiesen tenido un recorrido en nuestras conversaciones, pero...

El agua lo borró todo. Habían pasado 27 años desde que el mítico Piru Gainza levantase este trofeo y diez desde que no llegaba a Bilbao ningún título de la mano del Athletic y en aquella primavera de mayo el Athletic había ido al Insular en espera de una carambola digna de los grandes maestros: que el Athletic ganase en Las Palmas y el Real Madrid perdiese en Valencia. El Athletic había peleado con fiereza el campeonato y esperaba el acierto de un zarpazo postrero. ¿Cómo pensar en un guiño de la fortuna cuando la reconversión industrial, con un paro superior al 20%, azotaba los márgenes de la Ría como nunca lo había hecho antes? Y, de repente, ¡zas! Ocurrió. Casi cuando era más un sueño que una esperanza.

Por aquel entonces presidía el club Pedro Aurtenetxe, y un miembro de su directiva, Cecilio Gerrikabeitia, tuvo la ideal recordar una canción de los años veinte: “Por el río Nervión bajaba una gabarra / con once jugadores del club atxuritarra / rumbala, rumbala, rumba, la rumba del cañón”. Se supo después que la vieja trova popular no se refería al Athletic, sino a un modesto club bilbaino, el Acero Club de Olabeaga y sus glorias pasadas. ¡Vamos a pasear por Bizkaia en una gabarra!, pensó.

De esta manera, el 3 de mayo de 1983, los jugadores del Athletic campeón a bordo de la gabarra remontaron la Ría desde su desembocadura en Getxo hasta el Ayuntamiento de Bilbao. Se dice que cerca de 1.000.000 de personas a ambos lados de la ría, aclamaron la marcha de la gabarra arrastrada por el remolcador Amaya, y acompañada por las traineras bizkainas. Desde entonces la Gabarra nº 1 fue rebautizada como Gabarra Athletic, y convertida en símbolo de triunfos rojiblancos. El 4 de mayo de 1983, los jugadores del Athletic embarcaron en el muelle del Club Marítimo del Abra, en Las Arenas. Uno de ellos, Agustín Gisasola, se cayó al agua y tuvo que ser rescatado. Comenzó la travesía acompañada por decenas de embarcaciones de todos los tamaños y las orillas de la Ría, abarrotadas de vizcainos. Se calculó más de un millón de personas en el trayecto entre Getxo y Bilbao.

De toda esta gloria inolvidable se hablaba en Aste Nagusia de 1983, cuando aquel agosto comenzó a llover. Bastante a lo largo de un agosto extraño y una barbaridad aquel viernes, 26 de agosto, cuando cayeron sobre estas tierras 503 litros por metro cuadrado. Durante las primeras gotas, imagino, aun recordaban muchos bilbainos las lágrimas de Sarabia en las tierras isleñas pero poco a poco fue adueñándose el miedo y la preocupación de los corazones bilbainos. Aquella cortina de agua se convirtió en tragedia debido a una gota fría. Para las tres de la tarde, la ría del Nervión ya amenazaba con salir del cauce y al comprobarse que cayeron 503 litros de lluvia por metro cuadrado en 24 horas corridas, de las 9.00 horas del viernes a las 9.00 horas del sábado, al frenar el diluvio, ya nadie hablaba del Athletic ni de las fiestas. En realidad, poco hablaban. La mayoría eran llantos. Y el resuello y jadeo de un pueblo dejándose el alma para la reconquista de una nueva vida. Llegaría poco después. De aquellos lodos nacieron los jardines del Bilbao de hoy.

De qué se habló en Aste Nagusia 1983... de los ‘aguaduchus’