la imagen nostálgica de las fiestas Fernando Canales Chef bilbaino del restaurante elantxobe

Un viaje terrorífico con un toque de ilusión

Canales muestra una imagen del Gargantúa en las fiestas del año 1989 en la Plaza Circular. (Borja Guerrero)

El chef bilbaino Fernando Canales recuerda sus mejores años en las entrañas del Gargantúa en Aste Nagusia

Laura Fernández - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

BILBAO. No se lo piensa dos veces. Le brillan los ojos y la sonrisa que tiene grabada en el rostro es gigantesca. Fernando Canales, chef bilbaino del restaurante Etxanobe, echa la mirada hacia atrás para DEIA con sus mejores recuerdos y anécdotas con el Gargantúa.

“Lo primero que he recordado es la de veces que mi aita nos ha llevado a Bilbao para que mis hermanos y yo nos tirásemos por el Gargantúa”, dice. Lo recuerda como un viaje terrorífico pero a la vez apasionante. “Daba miedo meterse ahí de pequeño”, dice. Como para que no de miedo. ¡Si es un hombre gigante que se come a los niños!. “Era una experiencia brutal y antes no había nada más que eso”, rememora. Y es que lo recuerda como si fuera ayer. “El primer día que me tiré por el Gargantúa me dio un miedo tremendo ver aquel agujero... Pero sobre todo recuerdo lo divertido que era ese espectacular tobogán que tiene dentro del agujero, ¡que, además, me acuerdo que por dentro estaba acolchado!”, se emociona. Pero él lo tiene claro. “Era la superatracción. Era espectacular estar ahí dentro. Disfrutaba muchísimo”, dice.

De hecho, tal era el entusiasmo con el que vivía esos segundos de bajada por la boca del Gargantúa que, cuando finalizó sus estudios en la escuela de hostelería fueron a “hacer un poco el gamberro” en la atracción. Tal y como se puede observar en la imagen que sostiene Canales, en el Gargantúa aparecen dos cocineros. “Nosotros llevábamos esos gorros cuando éramos cocineros pero ya no se usan. De hecho cuando vi la foto pensé que podíamos ser nosotros”, cuenta. Pero al conocer que la imagen fue tomada en el año 1989 supo que no eran ellos. “Esta está tomada un par de años después, pero podíamos ser nosotros perfectamente”, cuenta entre risas.

Rememorando cómo se vivían antaño las fiestas, le apena “el cambio tan brusco” que se ha dado en apenas cuarenta años. “Fíjate la cantidad de experiencias que tenemos en la vida. Y únicamente recordamos las más especiales. Hoy la gente ve al Gargantúa y creo que tampoco lo aprecian tanto como nosotros lo hacíamos antes. Tengo muchísimos buenos recuerdos, positivos y emocionantes en el interior del Gargantúa y cuando sabíamos que íbamos a montar. Eso creo que a día de hoy se ha perdido un poco”, dice.

Opina que es algo que la gente ve pero que no se le aprecia como debería. “Quizá no reflexionas sobre ellas porque se sabe que siempre está ahí. Pero antes únicamente había eso, solo había esa atracción. El Gargantúa está en la memoria, en los recuerdos, pero si te pones a pensar es muy singular”, relata. De hecho recuerda el Gargantúa en el que se montó. “Subíamos por unas escaleras y era más grande y alto”, describe.

Sus primeras fiestas

Hace cuarenta años, cuando se celebró la primera Aste Nagusia, Canales tenía 15 años. Recuerda que eran unas fiestas “demasiado diferentes” que las que se celebran hoy en día. “La gente está más conectada, es más fácil quedar pero nosotros me acuerdo que antes cuando salíamos en casa estábamos incomunicados”, dice.

Recuerda que las gaupasas las hacía únicamente en Aste Nagusia. “Antes solo lo hacíamos en Nochevieja o en fiestas”, cuenta, lo que a día de hoy “los jóvenes hacen cada fin de semana”. Los tiempos han cambiado, los años pasan y la sociedad evoluciona. Las formas de vivir son diferentes. Pero lo que tiene claro Canales es que el Gargantúa siempre estará en él.

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