Un nuevo Athletic, pero ganó el viejo

Aritz Aduriz es atendido por el médico Paco Angulo y su ayudante Juanma Ipiña. (Borja Guerrero)

El tanto de Muniain llegó cuando la idea de Berizzo había perdido gas por las circunstancias de un partido que reclamó garra en el tramo final

Martes, 21 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - En un partido se detectan varios partidos. Hay mucha letra pequeña. El de ayer generaba, como es lógico, enorme expectación por tratarse de un proyecto nuevo, con un buen número de caras nuevas, ya que debutaron como leones hasta cinco futbolistas, y con un ideario que vende un fútbol seductor, muy cercano al plan Bielsa. Eduardo Berizzo no oculta que es un alumno del que fuera entrenador del Athletic y llega al banquillo que ocupó su maestro con el objetivo de dejar huella y romper con un pasado aún fresco en la memoria de una parroquia que necesita de estos estímulos. El Athletic ofreció ese aire renovador en unos veinte primeros minutos prometedores, con un fútbol vistoso, combinativo y con mucha llegada, hasta el punto de encerrar al Leganés en su parcela, quizá sorprendido por tal explosión de los leones.

Los de Berizzo crearon peligro y llegaron hasta en cuatro ocasiones con peligro hacia la portería defendida por Cuéllar, en acciones de Berchiche, Williams, en dos intentos, y De Marcos. Pero lo cierto es que el primer remate a los tres palos no se generó hasta el minuto 28, cuando Peru Nolaskoain, uno de los dos cachorros que debutaron ayer, cabeceó al fondo de las redes un certero córner botado por Susaeta. El central reconvertido fue uno de los jugadores clave en el triunfo de los rojiblancos, que no vencían en San Mamés en la primera jornada desde la campaña 2009-10, entonces en la vieja Catedral frente al Espanyol.

Aquel encuentro, con Joaquín Caparrós en el banquillo, lo jugó Iker Muniain, que nueve años después quizá recordó esos tiempos, en los que se conoce el estilo que imponía el utrerano. Porque ayer no venció el nuevo Athletic de Berizzo, sino que lo hizo el viejo Athletic gracias a ese arreón de garra, con las fuerzas muy justitas en algunos futbolistas, en los minutos finales, cuando la fe mueve montañas. Y lo encarnó un jugador que va camino de los 350 partidos oficiales.

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