LA PASADA MADRUGADA

Los Mossos redoblan su protección pero creen que el ataque de Cornellà fue aislado

(YOUTUBE - EFE)
Miembros del servicio judicial retiran el cadáver del hombre que fue abatido ayer al intentar acceder a la comisaría de los Mossos de Cornellà. (AFP)

Una agente abatió a un argelino, sin antecedentes, que asaltó la comisaría con un cuchillo al grito de “Alá es grande”

Igor Santamaría - Martes, 21 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

BILBAO. Si bien los Mossos d’Esquadra investigan el ataque registrado en la madrugada de ayer en su comisaría de Cornellà, en la calle Travessera, como un “atentado terrorista”;el conseller de Interior, Miquel Buch, confirmó horas después que se trató “de un hecho aislado con la policía como objetivo”. Abdelhouahab Taib, de 29 años y origen argelino, sin antecedentes penales, fue abatido después de entrar armado con un cuchillo al grito de “Alá es grande” y abalanzarse contra una agente con una voluntad “claramente homicida”. El suceso llevó a que la Policía catalana se pusiera en contacto con agentes locales y otros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para avisarles de lo acontecido y que puedan aumentar las medidas de seguridad y autoprotección pese a que el atacante no formaba parte de ninguna célula yihadista ni, en concreto, de la de Ripoll, que dio origen a los atentados de hace un año en Barcelona y Cambrils.

Así lo corroboró el jefe de la Comisaría Superior de Coordinación Central del cuerpo, Rafel Come, descartando que exista ningún tipo de vinculación entre el agresor y quienes cometieron los sangrientos acontecimientos del 17-A de 2017, donde fallecieron 16 personas. Ahora bien, los hechos de ayer se trabajan hipotéticamente como “atentado terrorista” porque fueron “extremadamente graves”, pues el atacante tenía una “voluntad predeterminada para agredir a un mosso y acabar con su vida”. Otra de las posibilidades que se barajan, según la declaración policial de su pareja, es que su marido se quería suicidar para evitar la vergüenza dentro del colectivo musulmán por su condición de homosexual, de la que se percató hace un año, aunque también lo vio radicalizado.

El hombre, que portaba encima una documentación que lo identificaba como Abdelhouahab Taib, llamó al interfono de la comisaría unos diez minutos antes de las seis de la mañana para que le abrieran la puerta porque pretendía hacer una consulta. Cuando la agente que estaba en la pecera de recepción, protegida por una mampara de cristal, le abrió, el hombre accedió a la comisaría y se abalanzó portando un cuchillo de “grandes dimensiones” y mencionando a Alá contra ella, quien, con el objetivo de salvar su propia vida, hizo uso de su arma de fuego “provocando la muerte de este individuo”. El comisario no precisó si la agente salió de la cristalera para abrir la puerta ni cuántos disparos efectuó ni tampoco en qué partes del cuerpo impactaron.

“Desde nuestro punto de vista, estos hechos son tratados como un atentado terrorista sí o sí”, recalcó, asegurando que aunque el ataque no parecía muy planificado y sí aislado, existía “voluntad claramente predeterminada de matar”. Posteriormente, tanto la agente agredida como el sargento que se hallaba de guardia en la comisaría fueron atendidos por el servicio de psicología del cuerpo para tratar un posible “efecto postraumático”. El responsable de los Mossos explicó que el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno se hizo ya cargo de la investigación y que en las pesquisas participan la Policía catalana, la Guardia Civil y la Policía española.

separado de su mujer Taib, de procedencia argelina y con DNI español, y que accedió al interior de la comisaría con la citada arma blanca y al grito de “Allahu Akbar (Alá es grande)”, se acababa de separar de su mujer, española, de nombre Lucy, según desvelaron los vecinos, quienes aseveraron que el supuesto terrorista no solía mantener relación con el vecindario, aunque su trato era “cordial”. Vivía en un piso del número 6 la calle Garraf de Cornellà, a apenas dos minutos caminando de la comisaría de policía a la que accedió, situada a unos 150 metros de su casa. Durante los dos años en que llevaba residiendo en la barrio de la Gavarra no había mostrado ningún comportamiento sospechoso. Vecinos del bloque donde vivía señalaron que el joven era poco conocido en la zona, mientras que su pareja, que al menos llevaba allí ya ocho años, sí que tenía una “buena relación” con la vecindad. Ocurre que la mujer, que tiene dos hijas fruto de una pareja anterior de origen asiático y que ambas, en estos momentos, se encontraban con él de vacaciones, se convirtió al islam “en cuanto le conoció” y se cubría desde entonces la cabeza con pañuelo, lo que causó sorpresa entre algunos de los vecinos.

“Ella es una buena chica, se convirtió al islam y ya está”, indicó a Efe Jordi López, mientras que otro residente en el barrio agregó: “Se puso el velo enseguida”. María, también vecina de la pareja, recordó que “al cabo de un tiempo la veo con el pañuelito, y la verdad me dio mucho disgusto porque era una chica majísima y yo quiero mucho a España y a todos los que están con nosotros en España, viviendo felices y tranquilos”. Esta vecina añadió que cuando la interpeló directamente sobre su conversión, ella le replicó un tanto airada, aunque luego su conducta fue de normalidad. Eso sí, la pareja discutía “con frecuencia” por motivos que se desconocen y se habían separado hace poco.

En este contexto, los sindicatos de Mossos (Fepol, SME y Uspac) demandaron más efectivos y seguridad en las comisarías alertando de la “dramática” falta de efectivos, lo que pone en peligro tanto a los agentes como a los ciudadanos. Entienden que los agentes deberían recibir formación antiterrorista, prácticas de tiro y de autoprotección, y critican las medidas de seguridad de las comisarías y las condiciones de “muchas” de sus instalaciones.

La Gavarra es una barriada obrera de Cornellà que creció en los años 60 y 70 con la llegada de inmigrantes de otras comunidades del Estado, sobre todo de Andalucía y Extremadura, que fueron a Catalunya en busca de trabajo. El perfil del vecindario del barrio, que cuenta con unos 22.000 habitantes, ha cambiado mucho en los últimos años con la llegada de población extranjera. Por nacionalidades, los colectivos extranjeros más importantes del barrio son el marroquí, el ecuatoriano, el chino y el rumano, según el padrón de 2016.

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