Un espectáculo de ensueño

Il Circo Italiano se estrena en Bilbao con un ‘show’ en el que no tienen cabida los animales, pero repleto de acrobacias, piruetas y malabares, que cuenta la historia de Amets, una niña que desea ser artista de circo

Iñaki García - Miércoles, 22 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

SE tiende a asociar el circo, además de a malabares y a acrobacias, a leones, tigres e incluso a elefantes. Il Circo Italiano ha roto con esta visión por ferias de todo el Estado y ahora llega a Bilbao con el espectáculo Sueños. En el show se mezclan una gran variedad de disciplinas artísticas mientras se narra la historia de Amets, una niña que quiere convertirse en artista de circo.

Pese a que desde su fundación en 1958 se trataba de un circo tradicional, Sonia Miranda, directora artística, asegura que desde que llegó al cargo ella siempre había visualizado “un espectáculo sin animales”. Aunque admite que el personal de la compañía les trataba con “todo el amor del mundo”, su objetivo era crear un show ambicioso en el que múltiples disciplinas y culturas se fusionasen. En su opinión, el circo da pie a que ocurra, ya que se trata de “una de las artes escénicas más ricas”.

Cuando el público se adentra en la carpa se encuentra con un escenario muy próximo a las gradas y que está presidido por Morfeo, el dios del sueño. Al apagarse las luces la escenografía convierte las inmediaciones de la tarima en la evocación de un sueño. Precisamente, Sonia asegura que a medida que han ido pasando los años han “conseguido realizar el espectáculo que soñé en su día”. Especialmente, la directora destaca la amplia variedad de técnicas que incorporan. Además, la multiculturalidad está presente en la obra. Gracias a una colaboración con una compañía de Guinea Conakry, dos grupos de artistas del país actúan junto al elenco de artistas de la familia Rossi, orden fundacional de la compañía, que en palabras de Sonia está compuesto por personas “muy jóvenes y muy bien preparadas”.

Sueños consigue transmitir que cualquier cosa puede pasar y absorbe al espectador en un mundo de fantasía. En cada intervención de Amets, generalmente acompañada por el mago Sergi Bauka, la música aporta un punto de candidez e inocencia a un espectáculo que transmite emoción y hace reír. Así, consigue transportar al público a un mundo menos real donde disfrutar durante las dos horas de cada función. La historia tiene un objetivo final, transmitir al público que “a través de perseverancia y esfuerzo” se pueden alcanzar todos los sueños.

Como cada año, el circo organiza una microsociedad en una parte del parque Etxebarria. Aunque este año no será posible pasear junto a las jaulas repletas de animales. Las caravanas, en las que residen los integrantes de la compañía circense mientras se encuentran de gira, forman una pequeña ciudad que se mantiene en calma antes de cada sesión. Cuando los artistas se preparan las diferentes canciones se mezclan en las pequeñas calles.

Papel inesperado

En una de las caravanas se prepara Pau Serraute, conocido en el mundo circense como el Mago Paute. El artista estudió solfeo, interpretación y Bellas Artes, y, pese a que confiesa haber sido el payaso de la clase y ser una persona muy extrovertida, nunca pensó en convertirse en payaso. Aun así, el destino le deparó una hoja de ruta inesperada. Después de trabajar en la orquesta de un pequeño circo, uno de los payasos se convirtió en el director del Circo Price de Madrid y le sugirió que le acompañase como su mano derecha. Una vez allí, el payaso principal causó baja, de ese modo su puesto fue a parar a las manos de Pau. En su primera función tuvo que actuar ante más de 2.500 personas y asegura que se lo pasó muy bien. Tras varias actuaciones en el rol de payaso, se trasladó a Haití junto a la ONG Payasos Sin Fronteras. Y ahora cumple ocho años en Il Circo Italiano. Acostumbra a dar un toque musical al espectáculo dando rienda suelta a sus habilidades con la trompeta, la concertina y ahora también instrumentos de percusión novedosos como el hang. Junto a Martino y Capitano forma el trío de payasos del circo, donde ejerce de cara blanca.

Los payasos son los encargados de dar continuidad al espectáculo además de llenarlo de risas y ser los personajes más aclamados por los niños. Sonia tiene en muy buena consideración a los payasos porque “no son nada cuadriculados” y “mantienen la función viva, su espacio nunca es algo cerrado”. Al ejecutar su papel, Pau subraya que el trío improvisa: “Salimos al escenario a divertirnos”. “El texto del diálogo nace en la pista dependiendo de la reacción del público”, comenta. Consiguen que el espectáculo tenga fluidez gracias a que han “trabajado muchos años juntos”. “¡Ya discutimos!”, bromea. Asegura no realizar ningún tipo de ritual antes de cada sesión, aunque indica que “los instrumentos y los globos deben estar preparados”. Todo para mantener un espectáculo lleno de risas y emociones, que se mezclan con la inocencia de los sueños de un niño.