Los mejores conciertos de la historia

Conexión celta

Los míticos Gwendal ofrecieron un concierto que ganó color con las colaboraciones de Xabi Aburruzaga y el asturiano Rubén Alba

Andrés Portero - Jueves, 23 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

BILBAO. Tres años después de su visita a Getxo Folk, que dejó para la historia un disco en vivo, desembarcó en Aste Nagusia Gwendal, grupo pionero e innovador del folk celta. Su líder, Youenn Le Berre, propuso un viaje por la historia del último medio siglo a través de una panorámica abierta al rock progresivo y al jazz que planteó una conexión entre Bretaña, Euskadi, Irlanda y Asturias con las coloristas y frescas colaboraciones del trikitilari Xabi Aburruzaga y el gaitero Rubén Alba.

Le Berre se inventó Gwendal hace ya casi 50 años en la Bretaña francesa. Y ahí sigue como único miembro original, en buena forma, cual aitite con síndrome de Peter Pan, impartiendo lecciones de folk celta sobre los escenarios como la ofrecida en una Plaza Nueva abarrotada, donde no solo las sillas fueron insuficientes y cotizaban al alza media hora antes del inicio, sino incluso el espacio circundante. No en vano, Gwendal, sin dejar de ser presente, ya que prepara disco en estudio para su 50º aniversario, es ya historia. Sin su visión aperturista del folk, abriéndose a otros estilos y culturas en comandita con Alan Stivell, la llama celta no habría prendido en Euskadi, Asturias o Galicia en los 70, como prueba su conexión con Oskorri (participaron en su 25º aniversario) o su paso reciente por Getxo, cuyo repertorio calcaron en Bilbao.

TAMBIÉN ROCK Y JAZZ

Que no es un grupo purista se advirtió desde el principio, con los teclados y la guitarra eléctrica que desplegaron en Pilo rosso, con algunos kalimotxos y gin-tonics haciendo equilibrios imposibles entre el público ante el poderío desplegado por Le Berre a la flauta y la bombarda. El calor ambiental se incrementó con la también rítmica Gave hot, otra melodía sencilla y grácil que resistió la pérdida de la boquilla de la lombarda y reivindicó la labor del guitarrista Ludovic Mesnil, en actitud rockista.

Baile y caricia. Esa fue la propuesta del concierto desde que nos embelesó Stone Eire, un lento irlandés de un lirismo arrebatador liderado por el violín. Acabó dinamitado con el brío inmediato de Stone jig, con el líder emulando a Ian Anderson a la flauta travesera. Y tras comprobar que sumarían arreglos rock a su folk tradicional, le llegó el turno a las bocanadas más jazz del concierto con Skai reel. Quedó claro con la relajación de la base rítmica y los flirteos del violinista y la flauta, cuyos solos se aplaudieron a su conclusión, como en los conciertos de jazz. Era folk popular, sí, pero contaminado de teclados sinfónicos y una guitarra funk como la de Chic en Glaz noz. “Es una fotode nuestra carrera, desde el principios a hoy”, explicó Le Berre en castellano macarrónico.

En esa fotografía actual, que cobró nitidez con los aplausos y botes provocados por la alegre melodía de Joke, tuvo su espacio Euskadi con la participación del trikitilari Xabi Aburruzaga, que, como en Getxo, se salió en Basquette, añadiendo colorido y emociones muy cercanas al respetable cuando el concierto, que parecía empezar a acomodarse, añadió pureza con el rescate de la guitarra acústica.

Y tras viajar por el túnel del tiempo hasta 1981 con el clásico Cameleon, solictó su espacio “la gaita mágica” del asturiano Rubén Alba en el tema Noces de granit, más aire fresco para unos Gwendal que aceleraron con Date prisa, veloz y bailada hasta en los balcones de las casas que circundaban la plaza. Tras evocar a las montañas irlandesas en Suite d’Arree y hacer un guiño a la música clásica (¿Bach, quizás?) en Stand all, el inevitable himno Irish jig, reconocible por todos y que levantó los culos de las sillas, marcó, fundido con Shannon reel, el final de una velada tan sentida como bailada.