Ibon Areso Ex alcalde de Bilbao

Una guerra política que teñía las fiestas

El exalcalde Ibon Areso recuerda la guerra de las banderas como mezcla de “kale borroka y gente alterada por el alcohol”

Sandra Atutxa - Viernes, 24 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - La imagen de la Casa Consistorial cerrada a cal canto y protegida por furgonetas de los antidisturbios de la Ertzaintza es una imagen que también ha quedado grabado en la retina de muchas personas en estos cuarenta años de historia de Aste Nagusia. Los más jóvenes no lo recuerdan, pero quienes sí lo vivieron aseguran que fueron numerosas las escenas de tensión que se repetían cada 25 de agosto. La denominada guerra de las banderas, tenía lugar el día grande de las fiestas de Bilbao, cuando el Ayuntamiento debía -cumpliendo la ley- sacar las banderas en el edificio municipal, ocupando un lugar preeminente la española. El exalcalde, Ibon Areso, ocupaba el cargo de concejal de Urbanismo en el Consistorio bilbaino a comienzos de los 80 cuando fue tomada la imagen con la que posa.

En su opinión aquella bronca que se generaba en el instante en el que la se asomaba en el balcón municipal se convirtió “en la excusa de muchos”. “No se trataba de un acto reivindicativo contrario a dicha imposición, sino que de una auténtica bronca mezcla de kale borroka y de otra gente que se sumaba con la cabeza bastante alterada por una noche de abundante consumo alcohólico”, recuerda Ibon Areso.

La bandera en realidad permanecía muy poco tiempo izada, pero era el suficiente para quienes buscaban el altercado festivo, de forma similar a lo que ocurrió con la procesión de la Salve en Donostia. Tal y como recuerda Areso, en los años de mayor violencia, la propia Casa Consistorial se convirtió en el objetivo de esas “aguerridas huestes”, recibiendo bastantes cócteles molotov en sus fachadas. “Unos años antes de llegar yo al Ayuntamiento lanzaron un coctel en el edificio y generó un incendio”, explica. Aquella situación de inseguridad obligó a proteger todas las ventanas con enormes tablones de madera, de forma similar a lo que hoy se cubren muchos locales de la costa vasca cuando se anuncia un temporal. El Gobierno municipal, tiene por costumbre cambiar su reunión semanal por una diaria durante Aste Nagusia, a fin de hacer un seguimiento de los distintos operativos y analizar los incidentes de seguridad, ruido… que se hayan podido producir, y adoptar las medidas necesarias para el mejor transcurso de las fiestas. Los 25 de agosto la reunión cambiaba de ubicación. El ayuntamiento permanecía cerrado y el alcalde y sus concejales celebraban su encuentro en un lugar diferente.

Los grupos antidisturbios de la Er-tzaintza también tenían que montar sus operativos y evitar hechos como el de las personas que trataban de escalar la fachada del ayuntamiento, lo que ya causó algún accidente. “Hubo quien en el intento de trepar para hacerse con la bandera terminó cayendo”, dice. La paulatina normalización política y su correspondiente disminución de la violencia, hizo que ese episodio fuese año tras año decayendo. “Es evidente que cuando a la izquierda abertzale le ha correspondido gobernar ha tenido que cumplir la ley, cuya insumisión tanto exigía a los demás”, reflexiona. Areso considera que la denominada guerra de las banderas no era una cuestión de partidos, ya que si un alcalde incumplía la ley de banderas era inhabilitado, y por ese procedimiento posteriormente todos sus sucesores. “El único caso que recuerdo de una alcaldesa que sacrificó su carrera política por este motivo fue la de Mungia, Izaskun Erkoreka”, concluye Areso.