El nuevo curso

Por Koldo Mediavilla - Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

LA operación retorno está a la vuelta de la esquina. Se acaban los días de calma chicha para volver a la rutina de la confrontación y del contraste.

Nos hemos pasado las últimas semanas a vueltas con la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Una polémica podrida en la que los nostálgicos del dictador han estirado el chicle de un debate que debiera haber durado minuto y medio. El tiempo justo para confirmar la salida del generalísimo de Cuelgamuros. Pero no. Ahí sigue el lío con un PP y unos Ciudadanos camuflando sus argumentos en diferencias procedimentales. El traje de camuflaje se sitúa ahora en la legalidad o no de la utilización de la figura del decreto ley para ejecutar el traslado del dictador. Los populares de Casado y sus primos de Rivera, lejos de cerrar filas con una memoria democrática e inclusiva, se han empecinado en ocultar su negativa tras el velo de una supuesta incompatibilidad legal.

Lo trascendente de este episodio es la dinámica obstruccionista que parecen haber iniciado ambas formaciones. El PP ya había anunciado una “oposición a degüello”. Ciudadanos no puede perder comba en el marcaje de los populares y en su afán por recortar plazos a la legislatura hará lo imposible por romper la estabilidad del frágil gobierno de Pedro Sánchez.

Así las cosas, la rentrée política -al menos en lo correspondiente al Estado- se presenta en clave de dura confrontación. Tras estrellarse en julio en el Congreso de los Diputados con el muro de la nueva senda de déficit, el Gobierno de Sánchez debe hacer un esfuerzo relevante para recuperar los apoyos perdidos. Al parecer, el acuerdo con Podemos podría estar próximo con una posible modificación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. El acercamiento, confirmado por ambas formaciones, implicaría importantes compromisos tales como la renegociación de la senda de déficit con Bruselas, el incremento del horizonte impositivo o la derogación de los decretos aprobados por el PP en 2012 en la racionalización del gasto público en educación, sanidad o dependencia.

Pero, pese a que el consenso entre el PSOE y Podemos termine fraguando, Sánchez deberá garantizarse nuevamente el apoyo catalán y para ello tendrá que empezar a dar pasos adelante en un diálogo institucional que permita desencallar un enfrentamiento de difícil salida. El denominado deshielo, la política de gestos, por loables y valiosos que hayan sido -sobre todo por el frente de oposición articulado por el unionismo visceral de C’s y PP- tiene que desembocar en compromisos políticos de Estado.

Lo mismo puede aplicarse al caso vasco. El PNV es la única formación que ha arriesgado en carne propia el apoyo al Gobierno socialista. Bien lo sabe el lehendakari Urkullu, quien debe afanarse, con sus mejores artes de convencimiento, para encontrar en el ámbito parlamentario de Gasteiz el apoyo o, cuando menos, la no agresividad de alguna formación disipando la tentación de bloqueo que la que los populares respondieron a la censura de Rajoy.

El compromiso nacionalista con La Moncloa debe entenderse como una relación de respeto mutuo. De reconocimiento y desbloqueo de una situación de impasseque tiene en el acuerdo parlamentario de competencias pendientes de transferencia la referencia más clara de falta de sintonía. Activar la cooperación intergubernamental, activar la comisión mixta de transferencias, la eliminación de los contenciosos pendientes… deben ser el sustento de una relación de mutualismo político entre Madrid y Euskadi.

No será sencillo reencontrar el punto de equilibrio que posibilitó el cambio en La Moncloa. Pero no buscar esa clave de bóveda posibilitará el triunfo de una derecha que camina a pasos agigantados hacia el pasado en una alternativa escorada hacia el extremo.

Pedro Sánchez no lo va a tener fácil. Pero a su favor cuenta con la coyuntura. Nadie -salvo Rivera- quiere elecciones. El PP de Casado necesita tiempo para recuperar el espacio perdido, Podemos no está en su mejor momento y las formaciones catalanas esperan clarificar su hoja de ruta y sus calendarios para abordar con mayor eficacia su estrategia soberanista. Además, la demoscopia parece indicar que el liderazgo de Pedro Sánchez hace repuntar al PSOE y las elecciones andaluzas de otoño (se adelantarán para que no coincidan con la sentencia de los ERE) será un termómetro que sirva prácticamente a todos.

El tiempo y su gestión vuelve a ser crucial en la inminente situación política.

En Euskadi el retorno a la actividad parlamentario-institucional no tiene como en el Estado tintes extremos de estabilidad-inestabilidad. Sin embargo, el descoloque del PP tras la salida de Rajoy de La Moncloa puede hacer que la mayoría gobernante (minoritaría) se resienta si se consolida un bloque del “no” a modo de triple alianza: EH Bildu, Podemos y Partido Popular.

En política, y si de ella hablamos en Euskadi, las extrañas parejas se prodigan. No para sumar, sino para todo lo contrario. De ahí que no podamos descartar una nueva coalición que pretenda impedir la acción de gobierno de nacionalistas y socialistas.

Esta opción de bloqueo tendrá su fuerza en la próxima negociación presupuestaria donde la imposibilidad de acuerdo -una prórroga en las cuentas- será instrumentalizada por los extraños aliados como un posible agotamiento de la opción de gobierno estampada entre el PNV y el PSE. La alternativa tiene viabilidad aritmética pero muy poca coherencia y menos impacto electoral.

Cabe preguntarse si Alfonso Alonso permitirá que sus parlamentarios se sumen a los de Otegi y a los bolivarianos de Podemos para vengarse del PNV. Yo respondería afirmativamente ya que los populares son muy escrupulosos a la hora de exigir respeto para ellos pero muy liberales a la hora de castigar a los demás.

La clave está en saber si la Izquierda Aber-tzale, que ha hablado a boca llena de “acuerdos históricos” con el PNV y de extender los entendimientos a otros ámbitos que no sean estrictamente autogobierno, será capaz o no de hacer frente común con el PP del 155, con el “partido más corrupto de Europa”, con tal de sacudir al PNV. Otegi tiene la palabra.

El nuevo curso, además del trámite presupuestario, se abre de par en par a la fase resolutiva de la ponencia parlamentaria que discute sobre la actualización del autogobierno y la aprobación de un nuevo estatus jurídico-político para el País Vasco. Hasta ahora, ni el Partido Socialista ni Podemos han presentado opciones que permitan aventurar una aproximación de posturas a las sostenidas por PNV y EH Bildu.

La hora de la retórica se agota y comienza el plazo para mojarse de una manera decidida. Los nacionalistas mantienen su intención de encontrar un punto de consenso básico en Euskadi que permita configurar un pacto de convivencia inclusivo para, al menos, una nueva generación de vascos y vascas. En esa posición ha encontrado el ánimo constructivo de EH Bildu que, dejando a un lado sus posiciones tradicionales de ruptura, ha apoyado la posibilidad de hallar una propuesta de soberanías compartidas. Tras la crisis de Estado provocada por la explosión catalana, bueno sería que las fuerzas estatales -socialistas y Podemos- recogieran el guante presentado por los nacionalistas para encontrar posiciones que si bien no colmen las reivindicaciones o las pretensiones de las partes sí permitan una zona de consenso múltiple. De lo contrario, la crisis de Estado se agudizaría sin solución aparente.

Y todo ello, en las vísperas de una triple cita electoral municipal, foral y europea. Un paso por las urnas por el que las fortalezas y debilidades de las organizaciones partidarias deberán medirse en el termómetro democrático. El nacionalismo del PNV contempla ese horizonte con buenas perspectivas. Las de repetir influencia y apoyos en lo local y territorial. También la Izquierda Abertzale suspira por mejorar posiciones. Su caladero de votantes se encuentra entre los que antaño votaron a la emergente Podemos. Los de los círculos pueden salir seriamente damnificados de esta cita con las urnas. La abstención, los socialistas y la Izquierda Abertzale pueden beneficiarse de la rotura de sus costuras. Y el PP…qué decir del PP. Cuesta abajo y sin frenos en Euskadi. Así se presenta el panorama. El nuevo curso que en pocos días establecerá su nuevo calendario. Un almanaque en el que confío que ya nadie hable recurrentemente de Franco. Porque sus restos hayan, decididamente, pasado a ser historia superada.

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