Cuando las acrobacias son de altos vuelos

The Black Blues Brother actuaron ante el Arriaga. ( Oskar González)

Los chicos de Black Blues Brothers actuaron con su teatro de calle en Bilbao

Laura Fernández - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

BILBAO. Sin duda alguna lo dieron todo. Acrobacias, saltos, piruetas... Incluso mantuvieron el equilibrio en una silla que estaba apoyada con una sola pata en una mesa. Un auténtico espectáculo. El público gritaba, aplaudía y no se pudo quitar la sonrisa de la cara. “La verdad que lo están haciendo muy bien y están de buen ver”, admitía Sofía Sánchez entre risas.

Esta joven de 30 años acudió acompañada de sus amigas y ellas lo tenían claro: “Eso de que el teatro de calle es para pequeños es un tópico. Fíjate nosotras, hemos salido a potear, nos hemos encontrado con esto y nos hemos quedado. Además, me alegro de que haya venido tanta gente a ver a estos chicos porque es de valorar todas las piruetas que están haciendo”, dijo Sofía, que no quitaba ojo a los chicos de Black Blues Brothers. “Venimos con ganas de hacer reír a la gente pero, sobre todo, de sorprender con lo que somos capaces de hacer”, chapurrearon en un particular spanglish para DEIA. Y vaya si consiguieron su objetivo. Por cada pirueta que daban en el aire, alguna persona del público se tapaba la cara para no ver la posible mala consecuencia que podría tener. Pero estos profesionales lo tuvieron todo bajo control y no tuvieron ningún susto. Aunque para susto, el de Asunción García cuando vio a uno de los actores quitarse la camisa mientras sonaba la mítica You can leave your hat on, de Joe Cocker. “Pero hija, ¿de verdad que se van a despelotar aquí en medio?”, lanzó la pregunta con la voz un poco nerviosa y con la esperanza de que alguien de su alrededor le diese una respuesta negativa.

Y menos mal que los chicos de Black Blues Brothers no fueron a más porque la explanada del Teatro Arriaga estaba tan a rebosar que no había hueco ni para que entrase una ambulancia al recinto por si a alguien le daba una bajada de tensión o una calorina. “¿Cuántas horas de entrenamiento pueden tener estos chicos a las espaldas para hacer todo lo que están haciendo?”, se preguntaba Joseba Aguirre mientras no se perdía detalle de la fiesta que consiguieron montar estos cinco colegas.

Por su parte, Begoña Etxebarria, Rosa Jauregi y Rosa Iza decidieron pasar la mañana de ayer entre amigas y disfrutar de todas las actividades que ofrece la villa en su semana más grande del año. “La verdad que hay que valorar todo el trabajo que hace esta gente que se pone a actuar en medio de la calle. Alguna que otra vez hemos venido a ver el teatro de calle y nos gusta mucho”, dijeron estas amigas de Durango y Getxo. Y es que, precisamente, es eso. Un espectáculo apto para todos los públicos. Por eso, entre los asistentes se pudo ver a jóvenes, adultos, aitites y amamas con sus nietos que no perdían detalle de absolutamente nada.

La primera fila, a pocos centímetros de lo que fue el escenario, estaba abarrotada de pequeños. Aitzol, de 7 años, lo tenía claro: “¡Amaaaaaa, quiero hacer eso cuando sea mayor!”, le gritó a pesar de que ella estuviese a su lado mientras en el escenario improvisado se seguían dando piruetas. Saltos, gritos de asombro e incluso algún cuidado hijo que te vas a matar se pudo escuchar entre el público. Eso sí, los grandes valientes fueron los más txikis que no pararon de aplaudir, de gritar ni de animar durante toda la actuación.

Tal era el ambiente que generaron que algunas personas que estaban en las inmediaciones no sabían qué ocurría. “¿Por qué hay tanta gente ahí? Vamos a acercarnos a ver qué es lo que hay”, dijo Francisco a su mujer Isabel mientras terminaron una ronda cerca del Arriaga. De hecho, la imagen podía tener una similitud a la del txupin, ya que ayer también se pudo ver a algunos jóvenes subidos a las farolas para no perderse detalle de las acrobacias de los Black Blues Brothers.

“Una suerte que haya teatro”

Para Joseba, que suele estar en pleno recinto festivo cada mañana con sus hijos, le pareció una suerte “maravillosa” haberse encontrado con un espectáculo de teatro de calle. “Ayer -por el viernes- también vinimos pero creemos que se canceló por la lluvia. A mis dos hijos les entretiene estar aquí”, dijo. Al igual que a los hijos de Izaskun, Idoia y Sonia que, mientras ellas veían el espectáculo desde la lejanía, sus hijos estaban en primerísima fila. “Venimos por nuestros hijos y aprovechamos para quitárnoslos un poco de encima”, bromeaban estas cuatro amigas vecinas de Santutxu.

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