DE QUÉ SE HABLÓ EN ASTE NAGUSIA 2010...

Invocando al dios de la supervivencia

Los cuernos del diablo se recortan en la actuación de AC/DC en Bilbao. (DEIA)

La gran recesión era algo más que unos apurillos a fin de mes y el AC/DC clásico, el original, había tocado en San Mamés mientras las tabletas de Steve Jobs triunfaban

Un reportaje de Jon Mujika - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

NADIE se sentía un privilegiado, casi un ser único tocado por los dioses del rock, al encaminarse hacia el antiguo estadio de San Mamés el 28 de junio de 2010 para ver a AC/DC en lo que iba a ser el último concierto de la gira Black Ice. Pero aquel tour fue el último gran periplo mundial de Malcolm Young, ya atacado por las hordas de la demencia, y los suyos en su versión original.

En los patios del rock se rumorea que hoy están grabando un nuevo disco en secreto pero de aquel concierto se habló en una Aste Nagusia entre los adoradores de Satán. Se habló también, cómo no hacerlo, del mundial de fútbol conquistado por España en Sudáfrica, de aquella final de la copa del rey de baloncesto disputada por primera vez en tierras vizcainas (el BEC fue testigo de lo que digo...), del plante de las comparsas en aquel miércoles negro de Aste Nagusia y de tantas y tantas y tantas locuras que hicieron del fin de la primera década del siglo XXI un tiempo de ajetreos.

Las malas noticias llegaron a orillas de 2010 arrastradas por el tsunami de 2008, año marcado en rojo en el calendario de las fechas negras. En 2010 la crisis económica, ya estaba en plena primavera, en todo su esplendor, si es que se puede decir así. En Bilbao -realidad en medio mundo, una escala propia del Botxo...- se hablaba de la Segunda Gran Recesión y el personal celebraba sus fiestas (cada cual las suyas, claro...) con la boca pequeña y cocodrilos en los bolsillos. ¡Qué fatigas para pagarse una kalimotxos!, ¡Cuántos sudores para ir de cena, al teatro o a los toros! ¿La Gran Recesión, decían los sesudos libros de Economía...? ¡La Gran Putada!, decían las voces de la calle.

El horóscopo chino nos dijo que aquel fue el año del tigre pero no fue ese un asunto que preocupase a los hijos de la fiesta en Bilbao. Algo más si lo hicieron desde el terremoto en Haití hasta el escándalo de los cables filtrados por WikiLeaks, pasando por el derrumbe de la mina San José y el rescate de los 33 mineros chilenos. En las txonas se hablaba también de Apple y su monarca absoluto, Steve Jobs, que ya en abril había revolucionado medio mundo con el lanzamiento del dispositivo móvil iPad (las omnipresentes tabletas...), revolucionando a la industria informática y la vida de los consumidores. Ese sí que fue un tema que ocupó a los parroquianos entre trago y trago.

Se intuía que llegaba un nuevo mundo, algo que ya intuyeron los científicos aquel mismo año. No en vano, un grupo de astrónomos encontró un planeta con visos de ser habitable y otros científicos afirmaron que hay tres veces más estrellas de lo que se pensaba. La NASA anunció el descubrimiento de una bacteria que puede sobrevivir con arsénico en lugar de fósforo, algo impensado en el pasado y en el horizonte flotaba una idea singular: la posibilidad de hallar vida extraterrestre estaba cada vez más cerca, aunque tal vez no se ajustase a los estereotipos de Hollywood ni a las viejas novelas que hablaban de seres verdes con antenitas en la cabeza, por mucho que algunos de los excesos propios de los excesos festivos hiciesen que más de uno jurase que sí, que los habían visto pidiéndose una cervecita en, qué sé yo, la barra de Moskotarrak. Allí fue donde escuché que Iniesta era una extraterrestre, el hombre que había derrumbado la maldición de los mundiales de fútbol.

Por primera vez en mucho tiempo un gol que no marcaba el Athletic acaparaba las charlas del fútbol, fuente inagotable de conversaciones cuando el personal está de fiesta, como bien saben muchos de ustedes. Anda que no se habló de un sinfín de cosas aquel año mientras mirábamos al futuro con cara de preocupación porque el dinero y los puestos de trabajo parecía emigrar hacia otros pastos, como aquellos bisontes de la prehistoria que emigraban hacia otras praderas dejando, en los hombres, la incertidumbre de si algún día iban a volver para llenar sus cuevas y alimentar sus mañanas.

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