Partido de doble riesgo

Mikel Susaeta, cabizbajo por la derrota ante el Levante, entonces recién ascendido, el pasado curso en San Mamés. Foto: Borja Guerrero

La condición de recién ascendido del Huesca y el hecho de que sea la segunda jornada consecutiva que acoge San Mamés, asoman como sendas amenazas para los intereses del Athletic en la noche de hoy

Un reportaje de José L. Artetxe - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

Eduardo Berizzo ha determinado que el Athletic prepare sin testigos su compromiso de Liga de esta noche. Con la excepción del sábado, que hubo entrada libre en Lezama, la plantilla ha encadenado cinco sesiones a puerta cerrada antes de recibir al Huesca. Seguramente, un récord. Por razones desconocidas insiste el técnico en trabajar a salvo de cualquier mirada y tanta ansia de intimidad ha impedido acceder a sus intenciones sobre, por ejemplo, quién ocupará el puesto del lesionado Aduriz o si habrá más novedades en el once, sea la reaparición de Iñigo Martínez u otras.

Cerrado el grifo informativo, reparar en datos estadísticos y tendencias observadas en los últimos tiempos sería una forma de hincar el diente al partido. Admitiendo que el valor de reflexiones basadas en los antecedentes es relativo porque cada partido es un mundo, resulta que confluyen dos aspectos susceptibles de ser catalogados como factores de riesgo para los intereses del Athletic: la condición de equipo recién ascendido del rival y que será el segundo partido consecutivo en casa.

Sobre el papel, enfrentarse a un club que viene de una categoría inferior y ejercer uno de anfitrión son ventajas para aspirar al éxito. Y encima se da la circunstancia de que desde su fundación, en 1960, el Huesca jamás ha militado en Primera División. Su bagaje en la élite se reduce al compromiso del pasado fin de semana en Ipurua, donde sorprendió a un errático Eibar por 1-2, lo cual le permite acudir a Bilbao henchido de moral, feliz, esperanzado en añadir más puntos a los tres que aparecen en su casillero. Hoy el conjunto que dirige el argentino Leo Franco podrá gestionar su bautizo en un estadio cinco estrellas sin urgencias, vivir el encuentro como una aventura singular, ajeno a la presión porque lógicamente esta se cierne exclusivamente sobre el Athletic, un Athletic al que los recién ascendidos se le atragantan en los últimos tiempos.

Que el Athletic se distingue por su generosidad hacia los débiles no es una leyenda urbana. Van muchos episodios en que la afición asiste a la versión más triste de los suyos coincidiendo con la presencia en el campo de cualquier club empantanado en la zona de descenso. Los modestos acostumbran a revivir en San Mamés sin que resulte sencillo dar con las causas. Y mira que se repiten las advertencias, pero es inútil: los parias de la clasificación vienen encogidos y se van reconfortados gracias a que el Athletic reserva su mejor munición para emplearla contra enemigos de enjundia.

Con los recién ascendidos ocurre algo parecido, suelen rascar algo en San Mamés sin necesidad siquiera de que estén penando en la cola de la tabla. Durante la temporada 2016-17, la última de Ernesto Valverde, el Athletic saldó con sendos empates sus duelos con Osasuna (1-1), Alavés (0-0) y Leganés (1-1). En ninguno de estos encuentros dio la talla, independientemente de que se celebrarán en jornadas separadas entre sí (en concreto en octubre, enero y mayo) o de cuál fuese la situación deportiva propia.

Recordar que el conjunto rojiblanco finalizó dicho campeonato en séptima posición y el siguiente verano pudo jugar las rondas de ajuste para acceder a la fase de grupos de la Europa League, objetivo que cumplió. Mientras que Osasuna volvió a Segunda, el Leganés eludió el descenso al acabar en la decimoséptima plaza y el Alavés quedó en una meritoria novena posición.

Similar balance se registró al año siguiente, ya con José Ángel Ziganda en el banquillo. El Athletic arrancó el campeonato ante el Getafe sin pasar del empate sin goles. Muy seguido, en la tercera jornada, rompió la inercia negativa al imponerse al Girona (2-0), pero a finales de abril se vio desbordado por el juego del Levante (1-3). No es preciso regodearse en el papel interpretado por el Athletic en el torneo de la regularidad: fue decimosexto al cabo de las 38 jornadas y aunque no corrió peligro, quedó por detrás de Getafe (octavo), Girona (décimo) y Levante (decimoquinto).

El cómputo global de los dos últimos años ante los nuevos en la categoría habla de un triunfo, cuatro empates y una derrota;siete puntos sobre 18 posibles. En cuestión de pocas horas tendrá la opción de adecentar este capítulo de sus estadísticas a costa del Huesca, pero es comprensible que el partido de marras genere cierto escepticismo.

dos de nueve Por otra parte, lo de enlazar resultados favorables en campo propio también tiene su complicación. Durante la campaña anterior fue imposible ver al Athletic ganar dos veces seguidas en San Mamés, lo cual hasta cierto punto es normal dado que únicamente ganó en seis oportunidades ante su público. Dos años atrás, fue muy distinto debido a que el equipo amasó su botín sin salir de Bilbao. Su regularidad como anfitrión, cifrada en trece triunfos y cuatro empates, compensó la pobre recolecta a domicilio, donde cayó hasta en once oportunidades.

Se computaron hasta tres tacadas de tres partidos ganados y una de cuatro, pero en ninguna sucedió que hubiese dos jornadas ligueras consecutivas en San Mamés, sin una salida en medio. Cuando se dio este hecho infrecuente, que fue mediado el curso ante Celta y Alavés y posteriormente ante Atlético de Madrid y Sporting, el Athletic ganó uno y empató el otro. Una ley no escrita dice que esa curiosidad consistente en disponer de 180 minutos de Liga sin salir de casa raramente se traduce en un beneficio pleno. La hemeroteca lo ratifica. Solo en dos de las últimas nueve ocasiones en que ocurrió este hecho, el Athletic se quedó con los seis puntos. A ver qué pasa ahora, de momento los de Berrizzo cuentan con los tres del día del Leganés.

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