la imágen nostálgica de las fiestas

La (r)evolución de las comparsas

Los grupos populares son los encargados, desde el principio, de organizar la semana grande de Bilbao

Ane López - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Aste Nagusia no se puede concebir sin las comparsas. Desde su nacimiento en 1978, siempre han sido las encargadas de organizar la semana más especial de la villa. Sin embargo, muchas cosas han cambiado en los últimos 40 años, según asegura Marino Montero.

Icono de Bilbao, Marino es de los pocos que ha vivido todas las Semanas Grandes de la villa “desde dentro”. Desde que comenzaron hasta el año actual, son 40 las ediciones en las que se ha implicado en la organización de las mismas. Formó parte de la primera comisión de fiestas y fue también el cofundador de Bizizaleak. “Las comparsas se crearon mes y pico antes de que empezara Aste Nagusia”, recuerda. El Corte Inglés convocó un concurso de ideas, y aunque en un principio nadie se imaginaba que iba a llegar al punto donde se encuentran hoy en día, impulsó la creación de nuestras fiestas. Previamente, hubo intentos de crear festejos populares, aunque la alcaldesa franquista Pilar de Careaga no lo permitió y hubo que esperar a que su cargo terminara y fuera otro alcalde, Berasategi, el que les diera libertad absoluta para hacer lo que desearan, ya que él se desentendió totalmente, y se quedó en su casa, en Neguri, todas las fiestas. Por eso, Marino asegura que “los miembros de la comisión de fiestas éramos los que gestionábamos todo, la fuerza organizadora del momento. Nos dejaron a cargo de todo”.

Muchos cambios con los años Además, Aste Nagusia no ha supuesto sólo una semana para el disfrute, sino que como asegura Marino en el manifiesto canalla, “se puede considerar una revolución social”. Aún así, muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, la bajada desde Begoña con Marijaia, que se celebraba el primer día de las fiestas, o el recorrido de las comparsas desde la plaza de toros de Vista Alegre hasta el recinto festivo, son tradiciones que se han perdido.

“Al haber menos gente en cada una de ellas, no es posible estar en la txosna y en los diferentes actos al mismo tiempo”. Además, asegura que el hecho de que actos como la sokamuturra o las vaquillas ya no se celebren, ha supuesto que se haya perdido una de las cosas más importantes, la idea de que duren 24 horas. “Es una gran pérdida”, asegura Marino, ya que el número de comparseros ha disminuido significativamente, según él porque “las ganas de contribuir altruistamente en actividades sociales ha desaparecido. En aquel entonces todo el mundo estaba dispuesto”. Por eso, este fiestero irredento asegura apenado que “las comparsas no son lo que eran”.

Después de pasar por el grupo Oskus! en el año 78, que era un grupo que organizaba fiestas por los barrios de la villa, Montero pasó a formar parte de la comisión de fiestas, y al mismo tiempo fue de los fundadores de la comparsa de Bizizaleak. “Pegué junto a mi compañero carteles en la calle que animaban a la gente a formar parte de la comparsa ecologista, y fue un éxito rotundo” añade.

Al final acabaron repartiendo zumos de patata a todos los asistentes, ya que acudieron muchos más de los que esperaban. Eso demuestra, según Marino, “las ganas que se tenía de tener unas fiestas populares”.

Siguió en la comisión de fiestas hasta el 1985, aunque no tardó mucho en dejar su rol de organizador de fiestas, ya que dos años más tarde , en 1987, empezó a trabajar como relaciones públicas del grupo hostelero del café Iruña. “Aunque hubo quejas porque la gente decía que la fiesta sólo debía mantenerse en el recinto de txosnas, empecé a organizar verbenas en el Iruña y La Granja, para que las fiestas dejaran de estar solo en el Arenal y subieran a Abando”. Y lo consiguió. Fiel reflejo de ello es que hoy en día siguen siendo uno de los puntos festivos de la villa en Aste Nagusia.

Aunque hoy en día figuras como Marijaia, Gigantes o Gargantua estén totalmente afianzados en las fiestas, hubo una época en la que no existían. Marijaia fue un “muñeco” creado como sorpresa para la ciudadanía, que en muy poco tiempo se convirtió en símbolo absoluto de las fiestas. Los gigantes y Gargantua por su parte, son uno de los mayores atractivos para los más pequeños. Según asegura Marino, se trajeron desde Vitoria, y posteriormente se construyeron con el objetivo de tener figuras propias gracias al poco dinero que había sobrado después de organizar las fiestas, unas 400.000 pesetas. Un cúmulo de casualidades que acabaron por conformar una fiesta perfecta.