Los mejores conciertos de la historia

Loquillo, un héroe de última hora

Loquillo, genio y figura, ahora y siempre.

Ofreció un concierto inapelable e inesperado hace un lustro, cuando tuvo que sustituir a El Arrebato al caer este enfermo a última hora

Un reportaje de Andrés Portero - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Estoy aquí porque amo a esta ciudad y a este país”. Fue una de esas frases que pasaron al recuerdo en el imparable concierto festivo de Loquillo en Abandoibarra en 2013, en el que fue contratado a última hora tras una inesperada enfermedad de El Arrebato. Con alguno de los miembros de su banda que regresaba de vacaciones llegando a Bilbao a la hora de subir al escenario, el roquero barcelonés se convirtió en un héroe de última hora con una lección de rock eléctrico y chulesco.

A ver, para poner en antecedentes a los despistados. La previsión era acudir a ver el estreno en Aste Nagusia de La Pegatina, en el Parque Europa, pero la hospitalización de El Arrebato, contratado para la noche grande, a causa de un cólico, hizo cambiar de planes tras la acelerada sustitución del músico enfermo. El Ayuntamiento, tras una contratación acelerada, no solo logró tapar el vacío, sino favorecer uno de los conciertos inolvidables de Aste Nagusia en este milenio.

Loquillo, que ese día se había levantado con la noticia de la suspensión en Bilbao del concierto que tenía previsto en su gira conjunta con Leiva y Ariel Rot, recibió una llamada del Ayuntamiento a las 11.00 horas del mismo viernes y, raudo, dijo sí. Y no fue fácil, ya que todo su grupo (!hasta siete miembros, cuidado!) estaba desperdigado porque era el único fin de semana estival libre en su exitosa gira de presentación del disco La nave de los locos.

Los teléfonos sacaron humo pero Loquillo tocó esa noche. Eso sí, empezó con 20 minutos de retraso. Pero no fue por chulería, ya que a algunos de sus músicos, como al guitarrista Igor Paskual, no le resultó fácil llegar a Bilbao. Cuando recibió la llamada estaba cruzando el Canal de la Mancha en un ferry y un taxi le dejó en Bilbao tras hacer escalas en París y Biarritz, cuando los fans requerían el inicio del concierto.

cOMO MOTOS Ese compromiso con Bilbao de Loquillo se advirtió en la pasión y entrega que ofreció esa noche histórica, en la que nos regaló uno de sus mejores conciertos en Bizkaia. Salieron todos como motos, haciendo ruido con Rock and rollactitud y su coro, “no muere, no muere”, voceado por el público. Sin tiempo para ensayar, claro, pero espoleados por unos chupitos de whisky... se comieron Bilbao a guitarrazos.

La noche fue una clase magistral de rock’n’roll con “sabor de veterano” en la que alternó piezas recientes y sin el apoyo popular de sus clásicos pero vitales para entender su filosofía vital y musical (El hijo de nadie, Memoria de jóvenes airados, El hombre de negrooLínea clara), junto a muchos de sus himnos, de La mataré a Feo, fuerte o formal, pasando por El ritmo del garajeo Rock &roll star.

El Loco volvió a salirse esa noche ante un público rendido y con el apoyo de una tremenda banda de rock eléctrico, divertido y kamikaze. Ya no eran Trogloditas pero fue una banda lanzada y pasional gracias a sus tres guitarristas, especialmente a Igor Paskual, con su boa al cuello y bañándose en cerveza, y la del productor Jaime Stinus, ex Orquesta Mondragón, hoy ya alejado de Loquillo. El final, con Cadillac solitario, no por esperado sonó previsible, y fue el colofón de una noche para el recuerdo con la canción Héroes, de Bowie, sonando mientras los músicos abandonaban el escenario.

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