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Salieri y Franco

Por José Ramón Blázquez - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h.

la novela Las dos muertes de Mozart, de Joseph Gelinek (seudónimo bajo el que se oculta el periodista Máximo Pradera, a quien no hemos visto en la tele desde la desaparición de Canal+), sostiene que Amadeus, de Milos Forman, catapultó a Antonio Salieri a la fama mundial, pese a que la película le tildaba de músico mediocre, celoso del genio de Mozart y asesino. Desde entonces, Salieri, a quien no conocía casi nadie, tiene un festival de ópera en Legnago, cerca de Verona, una fundación a su nombre y existe curiosidad por su obra. Igual fenómeno de notoriedad inopinada se produce con Franco a raíz de la prometida exhumación de su momia del Valle de los Caídos, con un notable aumento del turismo hacia aquel lugar y la presencia constante de voceros franquistas en los canales estatales. No hay día sin la arenga del exgeneral Juan Chicharro, presidente de la oprobiosa Fundación Francisco Franco, y de otros fachas sin careta.

En este contexto, Hechos reales, presentado por Jordi González, permitió a Pilar Gutiérrez, presidenta del Movimiento por España, lanzar un abominable panegírico del dictador, acompañado de insultos a Cristina Fallarás (miembro del provisional consejo de administración de RTVE) y la cadena. Y dijo a gritos: “Franco no fue ningún criminal. Esta mujer es psicópata y psicótica como lo eran todos los republicanos, lo digo yo que soy psicóloga. Franco está en el cielo, por eso le odian tanto los demonios”. Y acusó a Telecinco de estar controlada por los Illuminati. Gracias a la ingenuidad mediática, a lo Amadeus, los fascistas salen envalentonados de su zulo.

Lo que no hicieron, por cobardía, González y Zapatero, lo está intentando, a trompicones, Pedro Sánchez. Y la tele lo está retransmitiendo en directo, dando pábulo a los fascistas. Así seguirá hasta que la tumba sacrílega del genocida al pie del altar mayor de una basílica católica se desmantele con el nihil obstat del Papa Bergoglio y de Blázquez, jefe de los obispos españoles. La historia, por fin, acabará exorcizada en un triste osario.

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