Más que palabras

Dividiendo a Franco

Por Susana M. Oxinalde - Martes, 28 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

eNTRE las muchas razones que se aducen contra el decreto del Gobierno Sánchez de exhumar los restos de Franco hay uno que se repite como un conjuro: produce división entre los españoles. A estas alturas me importa poco sentirme dividida frente a los franquistas y su eclosión tras la decisión de sacarlo de su tumba o el denominado “conflicto catalán”. Sin embargo, es importante -al menos para mí- que haya un abismo entre yo y aquellos que siguen peregrinando a su tumba, bracito en alto y recordándonos que sí, que con Franco, ellos vivían mejor. Afortunadamente, estos nostálgicos ruidosos cada vez son menos, el festín de miedo que se dieron terminó y nada me produce más repugnancia que inducir el miedo contra la unidad hacia estos personajes con los que nada me une, los antiguos empiezan a contarse con los dedos de una mano y sus herederos sociológicos, aquellos que todo lo mamaron en la política del saloncito, cada vez se parecen más a esa masa informe cuyo único problema reside en que no tienen claro a quién votar pese a que sus abuelos no pudieron hacerlo en cuarenta años. Contra ellos prefiero ejercer la división que aceptar sus postulados o simplemente encogerme de hombros, que también los hay, como si este asunto, tan histórico, tan humano y tan moral no fuera con ellos, que si los huesos salen o entran, suben o bajan, pasado es pasado. A los que aún lo apoyan, con su ruido, su convencimiento, su eterna ficción y toda la rentabilidad de aquella tiranía nada se les debe. Franco no ha dejado de dividir, pero esto ya ha dejado de ser la perpetua Navidad que nos dejó su paz. Franco divide, pero jamás estuvo tan poco entero.