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Asier Escobar: “O la barquilla o doy 28 vueltas”

En pleno 125 cumpleaños del Puente Bizkaia, nos encontramos en su cabina con Asier Escobar, un pasajero totalmente atípico que, pese a vivir en Santurtzi, hace dos años que no cruzaba de orilla

Por Concha Lago - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL histórico Puente Colgante cumple años uniendo ambas márgenes de la ría y el presente con el pasado industrial del territorio. Para muchos usuarios, que conviven con él a diario, es mucho más que el primer puente transbordador de estructura metálica construido en el mundo. Es esa barquilla de cabecera que les acompaña en un sinfín de idas y venidas. Sin embargo, hay otros viajeros, como Asier Escobar, de 43 años, para el que, a pesar de la cercanía, este transporte es una rara avis. “Suelo andar siempre por Santurtzi, trabajo en el pueblo y prácticamente no me muevo. Pero hoy estoy de vacaciones y he decidido pasar el puente para ver una exhibición de artículos de pesca en el Puerto Deportivo”.

Porque aunque declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2006, esta plataforma puede llegar a ser una gran desconocida incluso para sus vecinos más próximos. “En un par de años esta es la primera vez que subo. No conozco a nadie en la margen derecha y no vengo nunca. Antes sí cruzaba más a menudo porque tenía algún familiar, pero ahora me muevo solo por mi margen”, dice este enamorado de los artículos de pesca. Su caso evidencia que, a pesar de que el puente facilita la comunicación entre Portugalete y Getxo, no consigue obviar la distancia económica y social existente entre los dos municipios.

Asier confiesa que tampoco ha subido a la pasarela porque tiene vértigo. Sin embargo, el agua no le impresiona lo más mínimo. “Tampoco sé nadar. Si me caigo, me voy a hundir igual, así que no tengo problemas con eso”, dice este hombre difícilmente impresionable mientras que, a su alrededor, los turistas se quedan boquiabiertos por el puente diseñado por Alberto Palacio y Elissague.

“Como no tengo coche, no me queda otra que utilizar el transbordador porque si no, tengo que coger un autobús y dar 28 vueltas para cruzar a esta parte de la ría. Además me parece que es un método seguro”, afirma indiferente a sus 61 metros de altura y sus 160 metros de longitud.

Asier vuelve a contradecir el retrato robot de los usuarios y ha pagado religiosamente en metálico, 40 céntimos por llegar desde la orilla rocosa y escarpada hasta la otra, baja y arenosa. “Tengo entendido que a partir de las 10.00 se incrementa el precio y que a partir de medianoche sube exageradamente”. También sé que hay mogollón de gente que cruza con el coche o la moto, aunque no me sé las tarifas”. Una media de 2 euros para un coche vacío y sin conductor, y unos 2,60 para un todoterreno o similar, le aclaramos.

No en vano se confirmó como la mejor opción de la época para unir las dos márgenes: transbordador sobre carriles, barcazas y gabarras flotantes y todo tipo de puentes: giratorios, levadizos, basculantes, submarinos, elevados. “Es muy cómodo y superrápido, lo haces en menos de un minuto”, dice Asier Escobar mientras promete repetir pronto.