Mesa de Redacción

La guerra del lazo

Por J. C. Ibarra - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

PARA gustos están los colores. Y para gustos, las causas que se reivindican con la colocación de lazos, sea en el espacio personal de la solapa o en el público de balconadas y calles. La utilización de lazos azules se extendió en Euskadi como rechazo al secuestro por parte de ETA del empresario Julio Iglesias Zamora, en 1993, y a partir de ahí se convirtió en un símbolo enarbolado por unos y rechazado por otros. A lo largo de los últimos años ha habido otros lazos con otros colores: negro en señal de duelo, rojo por la lucha contra el sida, verde en defensa de la naturaleza, rosas por el cáncer de mama, morados por la igualdad de derechos de las mujeres… hasta llegar al amarillo de los soberanistas catalanes para exigir la libertad de sus políticos presos, y con él la gran polémica que amenaza con provocar un conflicto político, judicial y de orden público desconocido hasta ahora (hubo quienes se opusieron al lazo azul en Euskadi, pero no hasta llegar a organizarse para su retirada masiva). Hay personas y organizaciones a las que los símbolos, las reivindicaciones, los anhelos… las penas, en fin, de los demás, les provocan una urticaria ideológica que les impide su contemplación. Son personas que padecen el mal de la intransigencia, mientras curiosamente se proclaman víctimas de otras intransigencias de sentido contrario. El choque de intransigentes es la reacción física más peligrosa en una sociedad. ¿Qué color le pondríamos al lazo contra los intransigentes?

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