Parece mentira

Miguel Sánchez-Ostiz - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL juez que se ocupa de la morterada de casos de corrupción destapados en torno al excomisario Villarejo (presentado como empresario) ha levantado el secreto siquiera parcial de algunos sumarios, pero la Fiscalía le ha replicado diciendo que la información que Villarejo almacenó es cierta, pero que “no se puede difundir ni consentir que pueda accederse a ella porque destrozaría a las instituciones y a muchas personas que las ocupan o han ocupado”.

¿Destrozar las instituciones? Qué pena, como si no estuvieran ya hechas unos zorros. ¿Y las personas? ¿Qué personas? ¿Los que han vivido y viven de mangarla? ¿No prima más el derecho del ciudadano a saber en qué manos están, quiénes son en realidad los que gobiernan y ostentan el poder? No, el sistema se vería dañado. El sistema no se daña porque esté podrido, sino porque puede hacerse pública su podredumbre. La Fiscalía, con su informe, consagra la impunidad de los participantes en esos cotarros que se enriquecen gracias a ilegalidades y delitos flagrantes ligados al poder político y a las instituciones del estado.

¿La seguridad del Estado en manos de mafiosos? Suena a novelería o a thriller ya muy manoseado, pero aquí, en este país, tiene rasgos de una triste realidad: del rey emérito para abajo, no se sabe cuántos están tocados, señalados, apuntados… protegidos. No hay tal seguridad, sino la pervivencia de un régimen que no da más de sí por muchos esfuerzos de encubrimiento judicial o mediático que se le apliquen.

Llama la atención la relativa indiferencia con la que es acogida esta noticia por buena parte de la ciudadanía, como si nos importara un comino que haya mafias policiales, bancarias, políticas, y estuviéramos aquejados de un fatalismo sin fondo, como si supiéramos que con publicidad o sin ella, nada iba a cambiar y la podre seguiría rebosando a fecha fija y de manera interesada, desde las páginas de medios de comunicación. Porque el que haya salido todo esto a la luz no es fruto de trabajos de información, sino de peleas de navajeros, que filtran lo que les conviene y lo que pueda perjudicar a la competencia.

La voluntad de cambio es escasa, no en el sentido de una renovación de las instituciones, sí en el de la pugna por las actas de diputados y la repetición de programas electorales más o menos mendaces que hasta ahora a nada comprometen.

De haber un cambio es posible que solo sea a peor, que se blinden de tal modo las instituciones que sea imposible llevar las actuaciones de quienes las representan a los tribunales.

Está visto que la mugre y el más de lo mismo o muy parecido, es preferible a un verdadero cambio social y político. Fatalista ese más vale malo por conocer que parece inspirar la vida pública española o aún mejor, no conocer, no querer saber, porque así se vive mejor. A lo loco se vive mejor…

Parece mentira, pero es cierto que los papeles de Villarejo, desencriptados y por desencriptar, y muchos más, los iremos conociendo, o no, con el tiempo, a golpe de timba de mafiosos que se acuchillan vengativos si los negocios salen mal porque está visto que mientras van viento en popa, nada se dice, nada se sabe y la seguridad del Estado está asegurada.