LA VUELTA

El Sky alquila el liderato

Kwiatkowski cede el maillot a Rudy Molard el día que simon Clarke vence en Roquetas de Mar

César Ortuzar - Jueves, 30 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - “Tira tú que a mí me da la risa”, dice una de las máximas del escaqueo en el ciclismo, cuando se trata de esquivar la responsabilidad y que sean otros los que asuman el mando. Así llegó el liderato a los hombros del francés del dichoso Rudy Molard en Roquetas de Mar, donde venció Simon Clarke entre Mollema y De Marchi, el trío que se escapó de los escapados, que llegaron a ser un pelotón: 25 corredores. Molard, parte del trío perseguidor, -el pelotón, relajado tras una salida desbocada, llegó a un mundo- se encontró con la zamarra que Kwiatkowski no quería, que abandonó entre el mar de plástico de Almería. “Se ha podido ver que corríamos pensando en mantener la distancia, sin pensar si perdíamos o no el maillot”, se sinceró el polaco. Prestó la prenda Kwiatkowski en una subasta de estiloWallapop: se alquila maillot de la Vuelta. Razón, el Sky. El equipo británico de la Vuelta no es el del Tour. No se le parece ni de lejos aunque vistan igual y dispongan de una alineación magnífica, aunque rebajada en cuanto a la graduación que emplea en el hexágono. Al Sky no se le conoce ni una sola concesión en Francia. Nada de bromas con el maillot amarillo. La Vuelta es otra cosa.

Lo que es inconcebible en julio resulta beneficioso en agosto, donde se encaja la carrera española y todo resulta menos solemne, con sonido de música ligera. La Vuelta son los restos del Tour. “Nos ha beneficiado perder el liderato para quitar carga de trabajo”, explicó Jonathan Castroviejo, uno de los corceles de la cuadra del Sky. El getxotarra, que completó un Tour majestuoso, y sus compañeros tienen caballaje para sostener el liderato, pero de interés, de momento, no van sobrados. Su director, Nicholas Portal, advirtió que lo de ir de rojo a estas alturas no les ilusionaba demasiado, así que el Sky sesteó. Mantuvo la escapada a un distancia prudencial, -“entre cinco y seis minutos”, matizó Castroviejo- y prestó a Molard un pedazo de ilusión tasada en poco más de medio minuto. “Espero aguantar el maillot rojo hasta el domingo, ya que ahora llegan tres etapas más lightcon finales al esprint”, apuntó el flamante líder, vestido con su sueño rojo, aunque le sancionaron con veinte segundos por avituallamiento líquido a falta de diez kilómetros, algo prohibido en los últimos quince.

Los británicos, con su fama de controladores y eficaces, optaron por el placer de il dolce far niente. “Hay que guardar un poco”, expuso el vizcaino sobre el comportamiento del Sky, alejado de su modus operandi. Se acomodó en la mecedora la muchachada del Sky y vio pasar el día sin más ambición que el de la contemplación. “El Sky quería dejar el liderato porque supone mucha responsabilidad y mucho desgaste, y lo ha hecho perfecto”, expuso un Valverde que, en todo caso, cree que el cambio de líder “no significa nada para la carrera”. “El Sky no ha tirado para coger la fuga, pero creo que ha hecho bien. Ha sido un etapa durísima”, analizó el ciclista del Movistar sobre una jornada veloz, con el viento empujando a los corredores a todo trapo en un terreno quebrado, mucho desnivel acumulado y otra vez abrasados por el sol.

fuga muy numerosa Así se desplegaron las velas de una escapada que recordó a La gran evasión. 25 corredores pusieron pies en polvorosa tras varios amagos y el alto de Órgiva, que sirvió para calibrar el deseo del Sky. Los británicos se mostraron inapetentes y no metieron el hocico en una escapada ventruda, que se desmembró en Las Alpujarras. Allí se quedaron Lastra e Iturria, parte de la escapada. El Sky rodeó a Kwiatkowski, el líder que pensaba en dejar de serlo, y dedicó la jornada al ahorro y la cháchara porque en el pelotón apenas se refugiaban setenta dorsales. Calcularon que aquella lucha no merecía la pena y que las batallas no son guerras. La fuga, que de tantos nombres parecía un listín telefónico, tomó vuelo. “Todos sabíamos que era un día en el que una fuga iba a llegar”, analizó Omar Fraile, que había rotulado la etapa en rojo, pero a quien aún le escuece el cuerpo tras una caída. Con el Sky en modo ahorro, solo encendida la luz roja del stand by, se inició el desenfreno entre los huidos.

Se pusieron en órbita Simon Clarke, Bauke Mollema y Alessandro De Marchi, que descontaron la ascensión al Marchal, el puerto que se deslizaba en tobogán hasta Roquetas de Mar. Con más de un minuto de ventaja respecto a Villella, De Tier y Mollard, el más interesado en apretar para ganar el liderato, el trío de cabeza inició el cortejo de la victoria. Se miraron, se escrutaron y se intentaron adivinar. Fue un ensayo general para la recta de meta, recostada al lado de la playa, enfilada entre palmeras que dan a la ciudad el aire de verano perenne. El rayo de sol iluminó a Clarke, que venció en 2012 en Valdezcaray, y dejó la arena para Mollema y De Marchi. Segundos después, Molard se desgañitaba hasta que se vio feliz en el podio, vestido de rojo, el color del líder de la Vuelta. Kwiatkowski y el Sky sonreían en la hamaca del chiringuito tras alquilar el liderato.