Mesa de Redacción

“¿Tengo que ir yo?”

Por Concha Lago - Sábado, 1 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

IKERRRRRR!!!!”. Lanza un alarido una madre en su toalla a quince metros de la orilla. Ni uno más ni uno menos. E Iker que será todo lo sordo que quieras pero de tonto no tiene un pelo, se hace el sueco y sigue a lo suyo que es meterse en el agua con disimulo. Entonces la señora suelta una frase lapidaria de madre: “Pero, ¿tengo que ir yo?”.Sin embargo no menea el culo. Entre la madre del pequeño aprendiz de Guillermo, el travieso, y la pandilla que clava la sombrilla como Armstrong en la Luna, es decir caiga donde caiga, me tienen hasta el moño. ¿Por qué la gente se obstina en acercarse tanto a la toalla del vecino? ¿Por qué se creen que han pisado Marte cuando conquistan un metro cuadrado de arena? ¿Por qué la chavalería se empeña en enroscarse el bañador como Cristiano Ronaldo y no se lo compra corto directamente? Luego están esas conversaciones insulsas a pleno pulmón que parece que has sintonizado el Carrusel Deportivo. O esos flotadores horteras y gigantes de animales -que ya están los socorristas hasta el unicornio de los rescates- y que terminarán degradando los océanos. Como afortunadamente el chiringuito no es un concepto en alza en nuestra costa, el otro día una pareja bajó en una nevera portátil cervezas como si no hubiera mañana, y consumió en tres horas más latas que las que yo soy capaz de beber en tres años. No sé si recogieron los envases o terminaron en el vertedero marino.

clago@deia.com

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