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Jonathan Jeremiah estrena un nuevo disco sobre la rendición

El compositor y cantante británico Jonathan Jeremiah edita un nuevo disco, ‘Good Day’.

La voz natural, emocional y sincera del compositor y cantante británico se plasma en ‘Good day’

Andrés Portero - Domingo, 2 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Bilbao - Un exultante sentido de comunión y celebración corona las canciones del compositor y cantante británico Jonathan Jeremiah. Y ese halo de positividad, naturalidad y emoción compartida pervive en su discoGood day (Pias). Ofrece un sonido íntimo, emocional, analógico y con unas raíces extraídas del folk, el soul y los arreglos orquestales de los años 70, en la senda de tótems como Scott Walker, Carole King o Serge Gainsbourg.

Londinense de residencia y de apariencia hippy, Jeremiah es de ascendencia irlandesa. Allí pasaba sus vacaciones de verano en la infancia y la juventud, compartiendo vivencias y creciendo al amparo de una familia numerosa (cinco hermanos más, y nada menos que 15 tíos y tías por parte de madre) volcada en la música. “Solían alinearnos como la Familia von Trapp, y todos teníamos que cantar juntos”, rememora el músico. Un reciente viaje motivado por un funeral volvió a repetir esa escena antigua, en un pub, a altas horas de la madrugada.

“Uno tras otro, tras el funeral, todos cantamos una canción”, explica Jeremiah para indagar en el motor de su vida. “Crecí alrededor de ese tipo de cosas, donde todos cantan juntos, y eso es lo que estoy tratando de capturar con mis discos: el sonido de la gente junta”, aclara un músico que tardó en descubrir su vocación. No fue hasta los 16 años cuando empezó a tomarse en serio tocar la guitarra (había elegido de niño dar clases ante la otra alternativa, el francés) e intentar componer canciones. “Y me llevó una eternidad. No sabía sobre qué debía escribir, y no fue hasta que alguien me rompió el corazón por primera vez. Ahí dije: “¡ahhh!...”, apostilla.

Los desengaños emocionales y la angustia se fueron convirtiéndose en canciones cuando, con apenas 20 años, convirtió en realidad el libro En el camino, de Kerouac, pateándose Estados Unidos. Al regresar, con el dinero que logró amasar como guarda de seguridad en el Wembley Arena, se financió su debut, A solitary man, publicado en 2011, en el que colaboraron The Roots, la banda de James Brown, la Heritage Orchestra y hasta Bernard Butler (Suede).

sentimiento “El tiempo es un sentimiento, y la música también”, explica el londinense, que tras publicar Gold dust(2012) y Oh desire (2015), discos con los que logró los elogios de John Barry, editó el viernes pasado Good day, con un repertorio de sonido natural y espontáneo, analógico, alejado de la frialdad de las computadoras y basada en la música más emocional de los años 70. “No puedo ver una conexión entre los ordenadores y el sentimiento. Las computadoras no respiran;calculan. Y si le quitas esa pantalla, te sorprendería saber cuántas cosas suenan tan humanas como este disco”, justifica.

Los 70, sí. De ahí provienen las enseñanzas de Jeremiah. De la música que hicieron Richie Havens, John Martin, Bill Withers, Carole King, James Taylor... y, sobre todo, Scott Walker y Serge Gainsbourg. La pareja final le causó un gran impacto. De hecho, el uso de dos bajos en su disco actual está copiado del francés. “Siempre me ha atraído el sonido europeo, más que el americano”, explica.

Alegría y celebración El disco no se podía abrir mejor que con la melodía soleada de Good day, con sus alegres coros femeninos. Se revela como una celebración de la vida entre niños que corren, chicas sonrientes con vestidos de verano, los pájaros silbando entre los árboles y Jeremiah cantando “la vida está empezando, me estoy liberando”. Música soul de ecos clásicos y, por tanto, eterna, como la hechizante Mountain, con su silbido de importancia vital.

Las orquestaciones de la Heritage Orchestra y las palmas te arrastran a amar The stars are out desde la primera escucha, al igual que Long night, una lúgubre pero bellísima oda a la resistencia que cabalga sobre la ola de una lírica sección de cuerdas. Deadweightsuena a drama cinematográfico, Hurt no more te golpea con su desnudez, baladas como No-one y Shimmerlove te avasallan con su belleza, y su vena más folk se advierte en los arranques de Yes in a heartbeat y Foot truck magic.

Y dejamos para el finalU-Bahn(It’s not too late for us), serena y clásica, y, sin duda, la gema del disco con esa melodía excelsa, el coro femenino, las cuerdas, su estribillo compartido con sus amigos... todo contribuye a su sabor a clásico, a estándar con ecos de Burt Bacharach. “A veces viajo en metro por la noche”, canta Jeremiah, “sólo para perderme”, antes de acabar con un “solo te quiero a ti”.

Un himno, compartido con las voces de 19 amigos sentados a la mesa en Nochevieja, sobre la rendición ante el destino. Debía haber cerrado el álbum, para completar el círculo abierto con Good day, el del sonido y el espíritu de tu gente más cercana junta, feliz, cantando, riendo y celebrando la vida.

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