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Rosa y su epopeya

José Ramón Blázquez - Lunes, 3 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

Será porque TVE fue obra de Franco por lo que le cuesta tanto cambiar. O por la pereza española en evolucionar. O porque es una derivada del fraude de la transición. Sin embargo, parece que Rosa María Mateo, rescatada de su retiro, va en serio con su proyecto de dignificar el medio público. Da la impresión de que ha emergido una cierta madurez democrática con la misión de cumplir las promesas pendientes de cuatro décadas. Viene con hambre atrasada y cargada de buenas intenciones. A la presidenta de la Corporación le sobra capacidad, pero sus apoyos son precarios. Con su veteranía, tiene mucho que ganar y poco que perder.​De momento, se ha atrevido a renovar Los Desayunos de TVE, La noche en 24 horas e Informe Semanal, que dirigían Sergio Martín, Víctor Arribas y Jenaro Castro, respectivamente, tres ejemplares de la derecha cromañónica. Y anuncia el regreso de Xabier Fortes, a quien añorábamos como moderador de la tertulia nocturna. Desde que le echaron, el debate no ha tenido solvencia intelectual. También nos alivia con el despido de Javier Cárdenas y la desaparición de Amigas y conocidas, un oprobio para la igualdad. ¿Para eso se habían empoderado las mujeres, para reunirse en torno a una mesa camilla como comadres y hablar de banalidades? No son cambios de partido, sino la redención de la sociedad no resignada a la bajeza.​Su maldición es la infausta gestión de sus predecesores socialistas. Zapatero y la vicepresidenta Fernández de la Vega hundieron financieramente TVE, lo que ya es irremediable. Antes de eso, Alfonso Guerra, con criterio de tutela popular y en plan señorito de cortijo, perdió la oportunidad de transformar con cultura, espíritu crítico y pedagogía la sociedad posfranquista. Se limitó a controlarla y distraerla. Aun con estos antecedentes, Rosa María puede conseguir ahora lo que no le dejaron a Pilar Miró, malograda y maltratada. Esto es una epopeya tardía. Sacar a la televisión estatal de su ruina profesional va a ser más difícil que sacar a Franco de su altar monumental. ¡Suerte!